El novelista ya prepara un nuevo proyecto novelístico que lleva por título «El animal piadoso»
Luis Mateo Díez: «Escribo para la eternidad, con zozobra e inseguridad»
El escritor leonés recibió ayer el Premio de la Crítica por su obra «Los frutos de la niebla»
Luis Mateo Díez. con el libro que ha resultado premiado
león
«Es siempre un motivo de satisfacción que premien tu trabajo, sobre todo en este caso, en el que el galardón es un reconocimiento de los críticos de mi territorio». Luis Mateo Díez agradecía ayer el Premio de la Crítica otorgado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua a su obra Los frutos de la niebla . El escritor leonés recordaba que las tres historias contenidas en el libro -” Los frutos de la niebla, Príncipes del olvido y La escoba de la bruja -” suponen el epílogo de su particular Comedia Humana, una tarea en la que ha invertido diez años de trabajo y que se reúne en torno a lo que él ha denominado Fábulas del sentimiento . «Lo que desde el principio me propuse fue construir doce inquisiciones en el alma humana», subraya Luis Mateo, quien añade que se ordenan con la sensibilidad con que se mira el corazón humano, en un proceso poético que abre «espejos desde los que mirar la fragilidad de lo que somos».
Sin duda estas tres historias están trenzadas con la misma cuerda con la que podemos ahogarnos o salir del pozo, porque como todas las fábulas, éstas también nos ofrecen varios caminos que se bifurcan.
No se hunde el novelista en el fango de la autocomplacencia y la falsa modestia. Antes deja claro que cerrar esta serie ha supuesto, en cierto modo, culminar una ambición literaria. Y es que Luis Mateo Díez confiesa que escribe para la eternidad, con «zozobra e inseguridad» y que el motor de su creación es la ambición de las grandes empresas narrativas. «Quiero escribir novelas perdurables», dice, y con esta pretensión ha elegido el caballo de la novela corta, una apuesta con la que consigue mantener la intensidad y rozar el reto de la perfección, tal vez porque el tiempo del relato contiene la fugacidad de la vida.
Sus predilectos
El académico destaca que estas doce historias están cosidas de sentimientos y emociones y se muestra convencido de que quienes se han acercado a ellas se han encontrado con personajes inolvidables. De entre ellos elige tres, tres mujeres que ya han culminado la escalada de la vida. Se trata de las protagonistas de El diablo meridiano, La vida feliz y La escoba de la bruja. «Me gustan porque son personajes que parecen desaparecidas de la narrativa contemporánea, y porque sus vidas ya están cumplidas», explica.
Y es que Luis Mateo Díez defiende que la parte crucial de la vida es la espera y que, en un mundo que parece ir cada vez más rápido, la búsqueda de la felicidad es más importante que su hallazgo. «Las pasiones se desarrollan en la búsqueda», defiende. Volviendo a estas mujeres, el autor de La fuente de la Edad cree que son ellas las administradoras de la sabiduría de lo vivido y que, por lo tanto, son fundamentales para intuir el lado misterioso de lo que somos.
Y Los frutos de la niebla siguen encerrados en los parajes oníricos que atraviesan los personajes del escritor leonés. Como él mismo indica, son atmósferas detenidas en el tiempo, eternas y fugaces al tiempo, y esa bruma se convierte en la pluma de Luis Mateo en un evento que denota «una climatología moral y metafórica». «Viajar por la niebla es viajar a través de la inquietud, del riesgo...»
Así que este escritor de zozobras ya se ha embarcado en un nuevo viaje. Se titula El animal piadoso y es la historia de un hombre que intenta huir de todos aquellos a quienes ha perdonado. Piedad y culpa son para Luis Mateo Díez dos grandes temas que vertebran la literatura del siglo XX y que parecen haber desaparecido del espíritu de la actualidad. Y, sin embargo, el autor reivindica la culpa como una necesidad. «Es difícil soslayar la culpabilidad que denota la injusticia de nuestra condición», destaca refiriéndose a la arbitrariedad que nos coloca en un mundo a salvo de la miseria y la guerra. «No se trata sólo de un sentimiento cristiano, asegura, sino metafísico».