Rescatan el primer tratado sobre vampiros, escrito por un monje en el XVIII

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Tomás García Yebra
León

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madrid

A mediados del siglo XVIII, un erudito benedictino francés, Agustín Calmet, publicó un libro sobre los resucitados que salen de sus tumbas para alimentarse con la sangre de los vivos. Calmet era abad del monasterio de la orden de San Benito de Sénones, en la región francesa de Lorena. Nacido en Mesnil-la-Horgne, cerca de Commercy, en 1627, murió en París en 1757. Gran erudito, autor de un monumental comentario bíblico (compilado en 23 tomos), se interesó pronto por el mundo de las apariciones. Gracias a sus relaciones personales con diversos clérigos, misioneros y campesinos de aquellos remotos territorios acumuló la suficiente información y testimonios como para escribir dos volúmenes: Tratado de las apariciones de los ángeles, de los demonios y de las almas de los difuntos y Disertación sobre los redivivos en cuerpo, los excomulgados, los upiros o vampiros y los brucolacos.

«Todo un festín para los aficionados al género», señala el escritor Luis Alberto de Cuenca, quien ha puesto el prólogo al Tratado sobre los vampiros ( Rey Lear), un volumen que refunde los dos estudios publicados por el fraile benedictino y que atrajo la atención del padre Feijoo y de Voltaire. «Sin la aportación de Calmet, Bram Stoker no habría podido escribir su célebre Drácula ( 1897)», apunta Luis Alberto de Cuenca. «Tampoco hubieran sido posibles El vampiro ( 1819), escrito por John William Polidori, médico personal de Lord Byron, ni Carmilla ( 1871), vampira creada por Sheridan Le Fanu en 1871».

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