Juan Antonio Domínguez despliega la luz de Andalucía en Bernesga
El pintor onubense trae hasta León el colorido de una región que aún no ha olvidado su pasado, en un conjunto de paisajes de playas, dunas y naturalezas muertas
El artista Juan Ignacio Domínguez ante una de sus obras.
Los bodegones del pintor andaluz Juan Antonio Domínguez son un auténtico ejercicio de virtuosismo. El artista de Valverde del Camino pinta sin prisa sus retratos de frutas, consiguiendo que las cerezas, los membrillos, los limones o las sencillas castañas, se conviertan en imágenes perdurables. El pintor no añade nada, simplemente pinta con asombrosa maestría el rincón donde se encuentra su motivo, con la textura de las paredes, con el milagro de la luz que baña la escena, con los colores y las formas con los que la naturaleza ha dotado a sus motivos. Y como en aquellos maravillosos bodegones del barroco español, ante estos cuadros se siente casi la necesidad de coger las frutas y disfrutar de su frescura. «Los bodegones -”dice el artista-” son lo más tradicional en mi pintura, pero poco a poco me estoy alejando de ellos. Ahora me está gustando más el paisaje, creo que un pintor no debe detenerse nunca, debe evolucionar constantemente y eso es lo que yo intento».
Juan Antonio Domínguez, presenta en su exposición de la sala de arte Bernesga, algunas interesantes visiones de las playas de Huelva. «Me interesan especialmente las dunas que jalonan las costas de Huelva, y busco en ellas el reflejo las de luces cálidas del amanecer y del ocaso». Efectivamente, los pinceles de Domínguez saben plasmar todo el encanto de las luces doradas sobre el espejo de la arena. En sus cuadros las sombras se alargan y los colores de la costa contrastan con la inmensidad azul del océano.
Moderno. A pesar del clasicismo que impregna las obras del pintor onubense, hay mucho de modernidad en su manera de resolverlas. Hoy, cuando el pintar bien, cuando saberse el oficio, parece más un demérito que una virtud, es gratificante encontrarse con artistas que son capaces de conjugar el virtuosismo de los clásicos con la visión del mundo que debe de tener un ciudadano del siglo XXI. «Yo -”explica-” pinto como lo siento, podría dedicarme a realizar obras abstractas o expresionistas, o de cualquier otro estilo, pero me interesa más disfrutar mientras trabajo. Eso no implica que no tenga inquietudes y que quizá, dentro de algunos años, mi pintura cambie radicalmente, pero hoy por hoy me gusta lo que hago y pienso seguir en esta línea».
Y mientras dialogamos estamos ante un cuadro en el que se pueden admirar unos limones con sus hojas adornados con la presencia de unos polícromos azulejos árabes. Todo el colorido de la tierra andaluza queda explícito en este lienzo que es como una poesía sobre los misterios de una región que aún no olvidado su pasado.