Entrevista | hal hartley | director de cine
«Mi cine muestra que la única salida que tenemos está siempre en los demás»
Imagen del director norteamericano Hal Hartley.
Durante estos dos meses y en dos escenarios alternativos (el Musac y el Albéitar) se emitirán sus mejores películas. Cintas como The Girl from Monday o F ay Grim y cortos como Ambition demostrarán a los leoneses porqué Hal Hartley es una de las figuras claves del movimiento de cine independiente americano de los últimos 20 años. Su obra, aclamada desde temprano por la crítica internacional, ha cosechado galardones y premios en los más prestigiosos festivales, como el Festival de Cannes o Sundance.
-Su carrera siempre ha sido una manera de buscar nuevos medios para expresarse, para mostrar sus miedos, esperanzas, su nostalgia vital... ¿En cuál de ellos se siente más cómodo?
-Sin duda alguna, como más cómodo me siento, donde mejor me expreso es haciendo películas. En cualquier caso, últimamente, incluso mis proyectos teatrales y la ópera del 2008 - La Commedia - eran en cierto modo iniciativas muy cinematográficas.
-Sus películas han pasado de representar historias íntimas, en las que los personajes son descritos a través de sus relaciones con el mundo más próximo, a otras en las que los espacios se amplían, así como los problemas que se desarrollan en ellos.
-Sí. A medida que he ido envejeciendo, me he vuelto mucho más consciente de que el mundo se vuelve mucho más amplio y extenso cuando salgo de mi intimidad. El proceso es siempre el mismo. Trato de reaccionar a lo que el mundo va sugiriéndome, a lo que la vida va sintiendo mientras camino por ella.
-Todos parecemos estar en una especia de jaula, en una habitación -A puerta cerrada- donde los demás son nuestros peores enemigos. En sus historias, sin embargo, no es así.
-"En mis películas, la salida a esa jaula, a esa habitación, siempre son los demás. Por lo general, se trata de algún tipo de relación amorosa que es también una señal de la realidad humana. The Girl from Monday lleva probablemente esto a su extremo lógico. Las cinco películas de Possible Films 2 se rodaron en mi casa de Berlín, un gran apartamento que alquilé. Por entonces, yo estaba muy ocupado haciendo películas como Fay Grim , y escribiendo el guión de otras muchas, así que hice un plató en mi casa porque era un buen lugar para rodar pequeñas películas. Tan sólo incluí en ellas las cuestiones que pudieran ser resueltas en ese espacio o, dicho de otra manera, acepté todas las cuestiones pero siempre mediatizadas a través del uso del espacio con el que contaba.
-¿Qué rol juega la religión en su creación?
-Siempre ha sido importante, pero tengo que decir que yo no soy religioso y nunca he tratado de hacer una película religiosa. Sin embargo, me interesa mucho descubrir cómo la herencia cultural de la religión ayuda a definir, a describir, a interpretar el presente. Me gustan los textos religiosos y algunas tradiciones religiosas que están cercanas a la poesía. Y he utilizado algunos de esos textos poéticos para generar nuevos e inesperados significados.
-¿Ha cambiado su agenda artística desde el 11-S?
-En cierto sentido sí, en otros, no tanto. Mi película No Such Thing, se rodó un año antes del 11 de septiembre y los distribuidores decidieron postergar el estreno porque pensaban que no era lo suficiente sensible con el estado psicológico del país en aquel momento. En cualquier caso, creo que el atentado no tuvo que sorprender a nadie que estuviera al tanto de la actualidad internacional. Desde el momento en el que trato de hacer películas que reflejan el momento y el lugar en que se ruedan, no hay manera de evitar los detalles de cómo la vida cambia después de catástrofes como ésta.
-¿Cuáles fueron sus secuelas personales?
-Como las de todos los habitantes de Nueva York. La gente se comportó de una manera realmente valiente, sensible y solidaria durante tres días. Después, el presidente y su banda comenzaron a hablar de cruzada, de guerra contra el terror, etc. Los periódicos, además, se pusieron del lado de esa doctrina política y la mayoría de las personas se convirtieron en verdaderos idiotas. Así que los terroristas continuaron asesinando, los Estados Unidos invadieron Irak y yo decidí trasladarme a Berlín.
-¿Cambiaron sus premisas políticas después del atentado?
-Comencé a preocuparme por mis conciudadanos. El hecho de que reeligieran a Bush en el 2004, después de todo el daño que hizo al país, realmente me sacudió, fue un shock para mí. Pero, si, tal vez mis expectativas políticas cambiaron y perdí la fe en la población de mi país.
-A usted parece no interesarle demasiado el cine comercial. Sin embargo, queramos o no, es la forma para que el mensaje influya en la sociedad.
-Creo que las cosas en las que estoy interesado no son lo suficientemente populares como para ser comerciales. Dicho lo cual, cuando uno de mis filmes entra en el circuito comercial, me alegro muchísimo. Sin embargo, no soy el tipo de persona capaz de reorganizar su energía creativa para acomodarme a las necesidades del cine comercial, en el que el compromiso no suele existir. Yo necesito comprometerme y, en ocasiones, es cierto que el cine comercial lo hace, con lo que nuestros intereses se encuentran.
-El sentido del humor que despliega en sus películas tiene un punto de vista muy aristotélico. ¿Qué quiere expresar con esa indiferencia tan irónica?
-La indiferencia es siempre y tan sólo apariencia de indiferencia. Como escritor, trato de expresar mi entendimiento ante determinadas situaciones, mi empatía con determinados personajes de manera irónica, porque la ironía siempre ilumina, siempre pone el foco sobre las contradicciones. Nos ofrece el contraste que ayuda a mostrar la variedad de la naturaleza humana.
-¿Está este mundo poblado de inútiles sísifos?
-No estoy seguro acerca de si me está preguntando acerca del mundo real que compartimos o el mundo reducido que presento en mi películas.
-A ambos.
-Pues en ambos hay siempre algo de lo que Camus simbolizó en El mito de Sísifo . También amo escribir este tipo de caracteres porque son graciosos. En el mundo real siento que no siempre son inútiles. Ya sabe como concluye el ensayo de Camus: «La propia lucha es suficiente para llenar el corazón del hombre. Debemos imaginar a Sísifo feliz».