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Diez años de Profutle, ¿para qué?

La plataforma propietaria de la Cultural cumple una década y no sólo no ha logrado el fin diseñado por Tejera y Santos Llamas, el ascenso a Segunda y después a Primera, sino que apunta a Tercera

Antonio García de Celis, Ignacio Tejera, Victorino Rabanal, Carlos García y Santos Llamas.

León

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Se cumplen diez años de vida de Promociones del Fútbol de León (Profutle), la plataforma creada en el mes de noviembre del año 2000 para hacerse cargo de la propiedad de la Cultural como sociedad anónima deportiva. De los más de treinta empresarios (en su inmensa mayoría del ramo de la construcción), unidos para levantar la Cultural, o al menos eso argumentaban en sus inicios, movidos por otros intereses bien diferentes y que nada tenían que ver con pelotas para sacar al equipo más representativo y con más historia de León del fango en el que se encontraba, quedan los «cuatro tontos», como argumentó Carlos Emperador hace algunos días.

Y después de diez años, la Cultural no se ha levantado de nada. Sigue más atollada que entonces, al mismo tiempo que los principales artífices de la debacle económica se fueron cuando la entidad deportiva estaba quebrada hasta las cejas.

Basta con hacer un recordatorio de aquel momento de euforia de año 2000 para entresacar algunas manifestaciones de Ignacio Tejera, principal impulsor por el levantamiento de... la Cultural: «Sería un fracaso si el equipo no consigue el ascenso. Ese es el objetivo». El mandatario culturalista señalaba ante enfervorizados culturalistas: «El club está al día en lo económico y el día que no sea así, abandonaré el cargo», al tiempo que fijaba el posible déficit al finalizar la primera campaña «en torno a los 54.000 euros».

Ignacio Tejera se equivocó de pleno porque tras los dos primeros ejercicios deportivos, la sociedad anónima deportiva ya acumulaba unas pérdidas que rondaban los 2,4 millones de euros (400 millones de pesetas). Y no quedó ahí la deuda, sino que siguió en crecimiento ascendente hasta situarse en los casi cuatro millones de euros.

Es en ese preciso momento cuando tanto Santos Llamas como Ignacio Tejera deciden abandonar el consejo de administración, en dimisión conjunta, con la disculpa de una sindicación de acciones por parte del resto de componentes del consejo de administración, que sólo fue eso, un simple pretexto.

Las deudas asolaban a una entidad ya en quiebra. Mientras los cuatro, que no cinco, que se hartaron a poner dinero de su bolsillo para cubrir las deudas y afrontar el futuro, en lugar de presentar en aquel momento el correspondiente concurso de acreedores, lo pagan como culpables de la quiebra de la sociedad por no llevarla al garete.

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Después, Baloncesto León fue su próximo solar de actuación (de Llamas y Tejera).