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fraguas
León

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L a afición confía en su equipo. En Calzado, en Santi Santos, en Chema Mato, en Tomillo, en Mena, en Viola, en Monteagudo... en toda la plantilla. Vuelven a dar otra lección de profesionalidad. Mayor que la ofrecida en Zamora, porque después de conceder una semana más de margen a los responsables irresponsables de conducir a la entidad a la viabilidad económica, se sacrifican por un club que no les paga para evitar su desaparición por la vía deportiva.

Por contra, la afición culturalista y las gentes de León no se fían de un presidente desaparecido (Domingo Cueto), que después de cuatro meses sin pagar a sus empleados indica ahora que va a buscar la manera de cumplir con lo que es su responsabilidad, de un consejero ineficaz (Dionisio Elías), que ha hinchado las cuentas hasta hacerlas explotar, de un directivo pasota (Antonio García de Celis), que ha pegado la espantada en el peor momento para unos profesionales con familias a las que alimentar, de un dirigente eufórico (Carlos Emperador), que siempre ve el vaso medio lleno aunque sabe que vive en el desierto, y de un irresponsable interesado (Alfredo Martínez), que forma parte del éxito pero no del fracaso.

La afición, que es sabia, también sabe que los cinco mencionados no son los únicos culpables de la dramática situación por la que atraviesa una Cultural que para León es tanto como referirse a la Catedral. Diez años han bastado para echar abajo la operación Uefa, abanderada por los Ignacio Tejera y Santos Llamas, a los que los políticos de turno homenajearon, con medalla incluida, por organizar cuatro viajes a una afición que se siente engañada y ultrajada. Era la Cultural de mentiras. La del traje y la corbata. El fútbol agoniza en León.

Y mientras tanto, en León nadie lo remedia. El alcalde Francisco Fernández no actúa como máximo responsable de la ciudad por sentirse también engañado. La Cultural bien merece otro esfuerzo. O piensa que porque se muera la Cultural no se acaba el mundo, como señala su concejala Natalia Picallo.

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