Siempre fiel, la afición no falló a un equipo que soñó con otra hazaña

Banderas leonesas y bufandas del equipo leonés en las gradas del Palacio.

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G. fernández | león
León

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Suele decir el técnico ademarista Manolo Cadenas que el valor más sólido del club leonés es su afición. Y los cerca de 5.000 aficionados que ayer casi llenaron las gradas del Palacio pese a que el partido estaba declarado como «Día del Club» volvieron a darle la razón. El ambiente de jornada grande en competición europea se palpaba ya de inicio con el añadido de la enorme bandera con el escudo del Ademar que desplegó en uno de los fondos la nueva y animosa peña Grada Joven.

El viejo escenario de mil batallas fue otra vez esa caldera que transmite calor amigo para los de casa pero que intimida también a los que están enfrente.

Y lo bueno es que cuanto más complicado es el envite y cuando todo parece negro para los suyos más motivación y más energía positiva sale de una grada que nunca falla en las grandes ocasiones. Su aliento enchufó al equipo cuando parecía que el Chekhovskie se marchaba en el marcador y le hizo irse al descanso sólo dos abajo. «Aquí estamos» fue el mensaje a un plantel jovencísimo que estaba plantándole cara a un acorazado equipo ruso pensado y planificado para jugar la Final Four.

El grito de «¡Sí se puede!» volvió a escucharse como un rugido de un colectivo que cree a pies juntillas en esta frase talismán.

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Lo único malo en este espectáculo —como muchas otras veces— fue el arbitrajo de los eslovenos Ljubic y Krstic sus cambios de criterio en una zona y otra acabaron desquiciando a la grada que se lo recriminó ruidosamente.