OPINIÓN Xabier Azkargorta
Kimigayo
Comenzó el Mundial para los anfitriones y se hizo la luz y el colorido en las gradas. Siempre me llaman la atención las imágenes de las caras de los jugadores ante su himno. Algunos lo cantan, otros apenas lo susurran y muchos lo escuchan con distinta actitud. Desde la marcialidad de los mejicanos, con la mano cortando el corazón hasta el respeto de los japoneses ante su majestuoso himno. Siempre que escucho el himno japonés me llama la atención la melodía tan religiosa que tiene. El Kimigayo es su nombre y se canta en presencia del hi no maru, o sea, el circulo del sol rojo sobre fondo blanco, que es la bandera japonesa. Son signos que en determinados momentos han creado cierta polémica en el Japón moderno, porque a muchos, les hacía recordar tiempos difíciles de la guerra mundial, pero tiene el Kimogayo su historia. «¡Que tú vivas siempre! Que vivas 8.000 años y muchos más. Que vivas siempre mientras el agua corre sobre las rocas y en ellas crece el musgo». Es el contenido del himno, una poesía, nada de marchas triunfales ni ruido de sables y trompetas, ningún grito a la libertad ni menciones a la esclavitud, todo un canto a alguien y que tiene su explicación en la teoría de los que dicen, que fue una canción pensada y escrita para felicitar y exaltar al Emperador en su cumpleaños. La mezcla de la jerarquía y la naturaleza, el emperador, la roca, el agua y el musgo. Todo muy japonés. Hoy y a pesar de la modernidad los japoneses, siguen teniendo mucho respeto a su emperador. Cuentan, que ante el emperador, los súbditos se presentaban con estupor y temblores a rendir cuentas y así parecían los jugadores japoneses antes del partido, aturdidos y temblorosos y tuvo que pasar todo el primer tiempo para que reaccionaran. Hubo algunas sorpresas en la alineación con Narazaki en la portería en lugar del esperado Kawaguchi, pero la mayor sorpresa para mí fue la presencia de Sinji Ono, el jugador del Feyenord, como carrilero por la izquierda. El buen centrocampista japonés queda muy limitado en esa demarcación y el juego de los nipones se resintió. Con las líneas muy separadas, los tres centrales lanzaban continuos pelotazos, que los delanteros no podían controlar. Llegó el descanso y la cosa seguía igual. Los belgas no se querían complicar la vida y jugaban serios, sin lugar a chistes. En la segunda parte se adelantaron los diablos rojos y ahí si que fue el estupor para los locales, que reaccionaron con rabia, sin temblores y en un error defensivo igualó Suzuki, que llegó con la moto, la de Inamoto en una sobresaliente jugada.