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León

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Ahí están peleándose con los números, Ademar, Baloncesto León y Cultural Leonesa. Un problema pluralmente planteado y de complicada solución. Una época mareada por las vacas flacas asola todos los estamentos deportivos del país. Es el má de «moda» que aqueja al deporte, incluso al llamado rey. Los déficits se acumulan temporada tras temporada y en las últimas han tomado dimensiones preocupantes. Pocos se salvan de la quema. Posiblemente el caso singular sea, en este momento, el del Real Madrid, después de la venta de los terrenos de su Ciudad Deportiva, y para no volver a las andadas, ha frenado sus espectaculares fichas, haciendo oídos sordos a los cantos de las sirenas que, una y otra vez, invocan la palabra mágica: refuerzos. La experiencia dicta que, los llamados refuerzos, pasan a ser pronto sólo novedades que nada o muy poco refuerzan, dejando «desreforzadas» las arcas e los clubs. Es el sarampión de todas las temporadas el que cuesta mucho huir y más salir vacunado para el futuro. Todo el mundo quiere novedades, ver caras nuevas. Solo los más pícaros saben aprovechar la situación y salen beneficiados al comprar merluza al precio del chicharro, en tanto los compradores ocasionales se dedican a comprar chicharro al precio de la merluza. Hay muchos y claros botones de muestra. Entre los más ostensibles se encuentran clubes del mayor nivel. Ademar, Baloncesto León y Cultural luchando, cual esforzados paladines, contra el dragón de los presupuestos. Así Ademar, qur por haber hecho pronto y bien los deberes deportivos, tiene, desde prácticamente el final de la temporada anterior, formada la plantilla para afrontar sus difíciles compromisos, tiene que seguir lidiando el toro resabiado del dinero. Patrocinadores, que snobistamente se han devenido en llamar «sponsors», se hace búsqueda dificilísima por el árido campo leonés. Se han buscado y se siguen buscando. De nada vale el poder eficaz de la publicidad que en todos los medios, la poderosa televisión incluida, derrama profusamente, dentro y fuera de nuestras fronteras, pero la simiente, o cae en campo yermo o no es debidamente medida por los posibles beneficiarios patrocinadores. Y eso que es fácilmente medible. No queda otro recurso que abrir anchamente las puertas a la imaginación. Y en eso andan los rectores ademaristas, con paciencia, dedicación y trabajo dignos de los mejores frutos. La Cultural también se pelea con las cifras económicas. Busca y no halla, por más que la fe diga que quien busca halla. Con la plantilla prácticamente cerrada esperamos, y por suerte deseamos, que con acierto para conseguir el objetivo que temporada tras temporada se viene negando, el ascenso. Cuando la primavera anuncie su canto de cisne dando paso al verano, será el momento de comprobar si se ha aprobado la asignatura nuevamente el suspense se hace carne de decepción. El Baloncesto León, que por tercera -esperando sea la vencida- afronta la temporada buscando el retorno a la ACB, se afana en su particular lucha cono el poderoso caballero, don dinero. Se ha visto obligado a reducir el presupuesto, porque por más que lucha para engordar su propia vela económica, no hay más cera que la que arde. Así y todo ha logrado reunir una plantilla calificada y cualificada, en torno a Quino Salvo, entrenador acreditado en batellas por el ascenso. Un luchador nato que además tiene, por lo visto y lo logrado, suerte, algo básico que le ha faltado a Roberto Herreras; poqeue en cuanto a trabajo, coraje, conocimientos y, sobre todo, entusiasmo, ilusión y amor al club, difícilmente, por no decer imposible, podrá alcanzar las cotas del leonés.

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