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León

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Lo inicia hoy Ademar en Granollers para concluirlo en Finlandia este fin de semana. Un periplo largo y difícil. En el espacio y en el tiempo. Muchos kilómetros a recorrer en apenas cinco días, en canchas lejanas frente al Granollers y contra el Haukar. Hoy en Granollers, equipo temible en su cancha, con buenos jugadores que no darán facilidades. Puntos interesantes en disputa, por más que la posibilidad de estar en la Copa Asobal siga dependiendo del partido a jugar en el Palacio, que cerrará la primera vuelta de la Liga, en la misma frontera navideña. Un partido en el que si mucho importan los puntos, más importante es que las lesiones no mermen efectivos. Ello y la moral que la victoria daría con un plus o valor añadido al resultado. Luego espera el Haukar Hafnarfjördr en su cancha nórdica, con un espíritu caliente en su hacer y en su obrar en la pista, a juzgar por lo visto en el encuentro celebrado en el Palacio el pasado domingo. Juego duro, entrega total, tendencia celebrado en el Palacio el pasado domingo. Juego duro, entrega total, tendencia a influir en el arbitraje, con el entrenador gesticulante e inconformista siempre. Ocho goles lleva Ademar como renta a administrar y no dan o son garantía suficiente para pasar la eliminatoria; al menos tal está en el ánimo de responsables máximos del equipo y de aficionados, con solvencia en sus conocimientos, para abrir el interrogante de la duda. La forma de ver y entender el desarrollo del juego de los árbitros que juzgaron el partido de ida, muy a la antigua, muy minuciosos en sus apreciaciones, avalan dudas e inquietudes. Y dos jugadores excelentes, el central Aron Kristjanson y el gigantesco lateral lituano de la cabeza rapada Robertas Pauzolis, son los máximos obstáculos que se oponen a la capacidad decisoria de los ocho goles de renta, que en teoría serían suficientes para dejar solventada favorablemente la eliminatoria. Todo el equipo debe funcionar como una máquina perfecta en defensa y ataque, con coordinación y capacidad goleadora, más un Kasper en estado de gracia oficiando de «santo» protector. Con él, la rapidez en el contraataque -mejor arma ademarista- liderado por Juanín, la facilidad goleadora de Kjellling, dejándole discurrir por el campo de su hacer anárquico, el buen estado de forma de Krivochlykov, la segura garantía de Vatne, Colón y Héctor en la defensa y la misma contribución eficaz, mostrada el domingo por Muñoz, Entrerríos y Metlicic.

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