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Hagamos un relato cronológico de la situación. El anterior director general se va después de muchos errores y algún acierto. Podríamos extendernos en este aspecto, pero ya es historia pasada. Y agua pasada ya no mueve molino. Entonces, pasa a tomar el mando del club la actual 'mandamás' de la Cultu, Natichu Alvarado. Sin más bagaje en la esfera fútbol que ser una buena profesional en el mundo de la empresa. Eso da a entender su currículum, plagado de títulos y másteres, que a buen seguro bien ganados. Una propiedad como Aspire no elige al azar. Esto parece fuera de toda duda.

Como consejera ejecutiva realiza la transición y ese es su mérito, al conseguir la tan ansiada paz social. La calma vuelve a la grada del Reino de León y se respira otro ambiente. Tampoco tuvo que desarrollar un plan estratégico deportivo ni falta que hacía. Esa faceta le corresponde a otros. Y así debe ser.

Llegaron los éxitos con Llona después de intentarlo un par de años y se consigue el ascenso. Pero ya ahí se empezaron a ver las costuras. Algo no iba bien y el final de temporada fue cuanto menos caótico con la mala gestión del reparto de entradas. Colas kilométricas, fallos en el reparto, socios sin acceso a esas entradas... En fin, un descontento generalizado que se aplacó con el ascenso. Felicidades y todo el mundo encantado. Reconocimientos públicos, entrevistas, premios...

Se da continuidad a un míster (Llona) muy cuestionado y falto de confianza desde el club. Resultado: cese al mes y medio de competición. En suma, cuatro meses de trabajo perdidos.

El resto de la historia con el fichaje de Cuco Ziganda y su pésima relación con el director deportivo reflejado en la nula campaña de fichajes de invierno queda al descubierto. Los motivos se ignoran, pero ahí sí que interviene la mano de un buen gestor y Natichu no estuvo a la altura. Máxime sabiendo que había dinero en caja. Error garrafal con consecuencias trágicas. Ni Rubén de la Barrera en tan poco espacio de tiempo puede solventar lo mal hecho desde junio del año pasado.

La cuerda rota definitivamente. Todo se derrumba. Quedan por delante diez partidos y 30 puntos del campeonato de Segunda División. Todavía hay vida y el optimismo culturalista siempre está despierto para que nuestro equipo obre la hombrada y pueda continuar en la categoría de plata del fútbol español. Se ha gestionado muy mal casi todo y todo ello puede pasar factura. ¡Ojalá que no!

Pero volvamos a principio de la presente temporada en la del retorno a Segunda División. Campaña de socios sin ninguna consulta con los aficionados. Precios prácticamente 'doblados' respecto a la campaña anterior. Un despropósito enorme. En este punto es cuando tenemos que mirar los aciertos de su predecesor en el cargo de gestor.

Aunque le costaba asumir los consejos del anterior enlace con la afición, al menos contaba con su opinión y llevaba a cabo una política de precios bastante razonable. Descuentos a los socios más veteranos, promociones a los grupos de animación, presencia de las peñas en el día a día del club... Pequeñas acciones que mantenían el orgullo de ser culturalista.

Todo esto se perdió y la única mirada estaba puesta en hacer caja con los socios y los aficionados. Medidas como liberar asiento, dar entrada a rivales como si no hubiera un mañana y provocar incidentes de seguridad, que no sólo no ayudan sino que encienden la llama del descontento, es el pan nuestro de cada día.

En definitiva, no puedes tratar la gestion de un club de fútbol como lo harías en tu vida profesional.

La Cultu no es una empresa y los socios y simpatizantes no somos clientes.

Aúpa Cultu… Siempre.

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P. D. Veremos como gestiona ahora la apoderada la furia del aficionado de la Cultu.