Fernando Alonso regresa al Dakar
RALLY-RAID. Lo hará a los mandos de un Dacia Sandrider campeón bajo los colores de Aston Martin
Fernando Alonso ya disputó el Dakar en el año 2020 a los mandos de un Toyota.
El rumor llevaba semanas cobrando fuerza en el paddock y, adelantado por el portal SoyMotor, se convirtió en una noticia que no por insinuada previamente es menos noticia: Fernando Alonso vuelve al Dakar. El clamor empezó a escucharse con fuerza en el paddock de Sepang este fin de semana, unos días después de confirmarse la renovación de Fernando Alonso con Aston Martin: la insaciable sed competitiva del asturiano no se apaga en la Fórmula 1.
Quienes conocen al piloto ovetense sabían que tras la firma de su nuevo contrato se escondía un plan más ambicioso, la intención firme de volver a compaginar el Gran Circo con otras grandes disciplinas del automovilismo mundial. No es una faceta nueva en su carrera; ya lo demostró durante su histórico parón en 2018 al lanzarse a conquistar las 24 horas de Le Mans -y el Mundial de Resistencia que lo apareja- y las varias intentonas fallidas de las 500 millas de Indianápolis, y lo ratificó en 2020 con su inolvidable debut en el rally Dakar. Ahora, esa inquietud por desafiar los límites vuelve a cobrar forma con un objetivo entre ceja y ceja: regresar al desierto en la edición de 2027.
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre aquel primer acercamiento y la aventura que ya prepara. Si en 2020 Alonso acudió a descubrir los secretos del rally-raid más duro del planeta, en 2027 lo hará con las máximas garantías de éxito. El asturiano no vuelve al desierto a ver qué pasa, sino a los mandos de una máquina concebida para ganar. No es casualidad que la elección haya recaído en el Dacia Sandrider -el mismo prototipo con el que Nasser Al-Attiyah reinó en la última edición-, que para esta ocasión vestirá los inconfundibles colores de Aston Martin.
El gran arquitecto en la sombra de esta operación es David Richards. Estar bajo el mando del histórico responsable de la estructura Prodrive y próximo jefe de Alonso en este desafío da un empaque incuestionable a la propuesta. Richards ha visto una oportunidad de oro en la flota que dejará libre Dacia: un vehículo que ya es campeón, plenamente evolucionado y sumamente competitivo. De este modo, la alianza evita tener que afrontar desde cero los desorbitados costes y el largo proceso de desarrollo que exige crear un coche de raid, poniendo en manos de Alonso un prototipo ganador desde el minuto uno.
2020 con Toyota A su lado en el habitáculo volverá a estar Marc Coma, su copiloto en aquella aventura de 2020 y leyenda viva de la prueba. Juntos revivirán una alianza basada en la precisión y la lectura del terreno. Además, el equipo pretende ser una auténtica potencia en el vivac: en la estructura también estará el nueve veces campeón del mundo de rallies Sébastien Loeb, y no se descarta la incorporación de otros gallos de pelea como el propio Al-Attiyah o el brasileño Lucas Moraes.
El recuerdo de aquel debut de 2020 en Arabia Saudí con Toyota Gazoo Racing sigue muy vivo. Pese a perder un valioso tiempo en los primeros días por un problema en la suspensión, Alonso demostró un rendimiento asombroso: firmó varios resultados entre los cinco primeros de etapa, logró un segundo puesto en la octava jornada y terminó 13º en la general, convirtiéndose en el mejor debutante de aquella edición.
Lo que no está nada claro es dónde lo correrá. La situación geopolítica que ya ha afectado a varias carreras de la Fórmula 1 -véase este último Gran Premio de Bahréin en Malasia- puede derivar en que el Dakar regrese, no sin cierta ironía, a Marruecos, en cuyas pistas se corría el recordado París Dakar original. Un nuevo examen para un Alonso que, más cerca de los 50 que de los 40, sigue empeñado en demostrar que está hecho de una pasta que no tiene nada que ver con la de los demás.