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PEDRO LUIS FERRER
León

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DE RAFAEL GUERRERO ALONSO, el juez de línea más famoso de España, se puede esperar cualquier cosa, como de Rompetechos. Pero se supera cuando tiene delante al Zaragoza. Lo sonrojante, quizá, es que nadie lo haya jubilado y que aún haya árbitros que se lo lleven de viaje y luego crean a pies juntillas sus visiones. Primero fue Mejuto, después Iturralde y ahora Esquinas Torres. A los tres los ha comprometido con sus cuentos chinos, pero ahí sigue en la banda con su banderín amenazante, con cara de susto y trote nervioso, anunciando lo que no ha sucedido. Rafa es un peligro público para el fútbol, pero especialmente para el Zaragoza, su víctima preferida. En La Rosaleda volvió a liársela al Zaragoza siete años después de su histórico error frente al Barcelona, de esa delirante conversación con Mejuto para explicarle una jugada que no existió, de aquel escandaloso «penalti y expulsión» que se hizo enseguida canción protesta en las gradas de todos los estadios. Aunque aquello de confundir a Aguado con Solana fue sólo el comienzo de una aventura en la banda trufada de escándalos y de jugadas virtuales. Hay otras «hazañas» que recordar aquí, como aquella de Grecia, en un partido de la Copa de la UEFA, donde obligó a Mejuto a expulsar a un jugador que no había intervenido en un forcejeo, o esa otra del año pasado en Son Moix, cuando mandó a la ducha a Álvaro Novo por un roce con el barcelonista Motta. Pero ahí sigue, sin que nadie le ponga remedio al problema y le obligue a pasarse, pongamos diez o quince años, en la «nevera». Pero el Zaragoza no perdió en Málaga sólo por Rafa Guerrero. Tanta culpa o más tuvo Paco Flores, un entrenador -y hay que decirlo alto y claro de una vez- al que le viene muy grande este equipo. Nadie cree en él, salvo sus obedientes colaboradores de pantalón corto, pero aguanta en el banquillo por ese temor absurdo a que sea peor el remedio que la enfermedad. Su crédito está definitivamente agotado, porque no se puede confiar en alguien que se empeña en rebajar cada partido las posibilidades del Zaragoza. Pero, como Rafa, ahí sigue. Haciendo de las suyas. Sin ver nada.

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