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MARTÍN
León

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ES UN DESEO común y pluralmente repetido cuando la hoja del calendario indica el comienzo de un nuevo año: ¡Feliz entrada de año!. El deseo se convirtió en tangible y gozosa realidad para Baloncesto León, no así, infelizmente, para la Cultural. Los partidos también cambiaban de sentido la hoja del calendario, en las competiciones: final de la primera vuelta que da el pistoletazo de salida, sin pausa, para afrontar la recta final, en la que ya las victorias y derrotas tienen un peso con gravitación posible en el final. Y en juego está, nada mas y nada menos, el objetivo irrenunciable para ambos, la clasificación para disputar las fases de ascenso. Bien, muy bien Baloncesto León en el Vicente Trueba de Torrelavega. Ante un lobos, que solo tiene de fiero el nombre, venció amplia, rotundamente, imponiendo desde el primer cuarto una superioridad total, de tal suerte que siempre estuvo perfectamente claro, definido y decidido quien iba a llevarse en el zurrón el regalo de la victoria. Por cierto buen regalo anticipado de Reyes que sumar, a lo deportivo, al económico, maná talmente llegado del cielo de las instituciones, cuando el 2003 finalizaba entre los ocho primeros lugares de la tabla, los lugares de premio, y abre con la fresca corola de la flor del Año Nuevo, la intensamente verde -flor siempre anhelada- de la esperanza. La Cultural, contra pronóstico, tropezó y el tropezón ha caído como auténtico jarro de agua fría entre los aficionados. Cierto que Duque tuvo que «inventar» una defensa dada la ausencia de los titulares por lesión, alguna de ellas, la del brasileño Adriano, preocupante por la nebulosa que le rodea y el largo tiempo que le mantiene en el dique seco. Y Adriano no solo es pilar básico en la defensa culturalista, sino pieza y piedra angular del equipo por su contribución a tareas importantes de ataque. Mal momento para tropezar. Retroceso en la tabla que sitúa al equipo en último lugar que da derecho a probar fortuna en la fase decisiva de ascenso. Se dobla la esquina de la competición, y se inicia el año, con un traspié que debe ser rápidamente enmendado (haciendo bueno lo de tropezar puede ser avanzar dos veces) inmediatamente frente al Tomelloso en el Amilivia aprovechando la oportunidad que tiene de rectificar. Si se torció, un tanto contra pronóstico, la andadura, debe recobrarse inmediatamente el buen paso. Mala entrada y buena entrada. Cara y cruz en el inicio del año y en la jornada final de la primera vuelta de los respectivos calendarios de la competición.

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