BALONCESTO
El Hapoel prolonga a siete años la sequía de títulos del Real Madrid (72-83)
Los israelitas hicieron valer su papel de víctimas ficticias para dominar siempre el partido
La Copa ULEB acabó para el Real Madrid en Bélgica en medio de una terrible decepción, sin título, sin pasaporte para la próxima Euroliga y con la dolorosa espina de haber disputado un mal partido y haberlo entregado, además, a un debutante en estas citas continentales, el Hapoel Jerusalén israelí, que ganó el primer entorchado europeo de su existencia y ascendió al paraíso con todo merecimiento. Las finales desconocen el significado de la palabra favorito. El cliché apuntaba al equipo español, incluso entre la prensa y los aficionados hebreos. Pero una final es, siempre, una final. Un escenario que encoge muñecas, revela niños bajo la apariencia de hombres, deja mentes en blanco, borra ideas y anula corazones. Como efecto contrario, agranda ambiciones, transforma víctimas en verdugos, cambia gloria por resignación y obra, en definitiva, toda clase de mutaciones que escapan por completo al control de pronósticos, trayectorias, historiales y diferencias deportivas. El Real Madrid experimentó muchas de ellas, y no precisamente de las positivas, en muchas fases del encuentro. Los madridistas tardaron en entrar en ambiente frente a una grada dominada de largo por la afición israelí. La idea de explotar la superioridad interior parecía clara en principio, con seis puntos a cargo del letón Kaspars Kambala y del irlandés Pat Burke, pero inmediatamente dejó paso a una mala defensa y a un ataque volcado sobre un perímetro que veía el aro como un dedal. Doron Sheffer y el americano Will Solomon cargaban ya con dos faltas y esa era la mejor noticia que podían saborear los madrileños. Aún así, los hebreos habían rotado mejor. El Madrid, acosado por el cronómetro a cada instante, acabó cediendo ante los hebreos.