Villarroquel, un coto a la baja entre nutrias y cormoranes
La riqueza truchera del Órbigo sufre bastantes altibajos y este coto es una muestra
Situado a poco más de treinta kilómetros de León al Coto de Villarroquel se accede por la carretera de Carrizo desviándonos a la derecha antes de atravesar el puente. Su límite superior se sitúa aguas abajo de Espinosa de la Ribera extendiéndose a lo largo de unos siete kilómetros hasta concluir en el puente colgante de Azadón. La parte alta del acotado corresponde al río Luna y la baja al Órbigo. No se trata en realidad de dos ríos diferentes, sino de uno solo que cambia de nombre a partir de su confluencia con el Omaña, principal afluente y río truchero donde los haya. Se da la circunstancia feliz de que este acotado se pesca siempre, pues cuando el río viene muy alto por las lluvias, la parte superior, regulada, discurre con menos agua mientras que cuando arrastra poco caudal es la parte inferior la que mejor se pesca. Como todos los acotados del Órbigo Villarroquel es una sombra de lo que fue. Atacado como pocos por la saprolegnia en los años setenta sufrió los embates de la pesca eléctrica junto con Rioseco, ubicado por encima, que diezmaron sus poblaciones trucheras por un furtivismo duro y bien organizado. Cientos de kilos de «pintonas» salieron de forma ilegal hacia los restaurantes de Madrid hasta dejar al río esquilmado. Furtivos como «el pitillo» han dejado su nombre, alguno su vida, en las tablas y pozos de este tramo de río. Ya en los últimos tiempos las extracciones de áridos y las escolleras han jalonado su curso hasta dejarlo casi irreconocible tanto aguas abajo como aguas arriba de su confluencia con el Omaña. Nutrias y cormoranes Sometida a frecuentes repoblaciones la riqueza truchera del Órbigo se mantiene con bastantes altibajos y Villarroquel es un claro ejemplo. La pasada temporada tuvo días brillantes con hermosas truchas capturadas y tuvo también días grises con abundantes ceros. Esta temporada no se está pescando bien, aunque la mejor época para pescar este coto comienza a principios de junio, cuando corre la mosca de la piedra, mal llamada aquí mosca de mayo. Pero existen algunos preocupantes indicios acerca de su riqueza piscícola. Durante todo el invierno un nutrido grupo de cormoranes han pescado en sus aguas, y no siempre de forma tranquila, pues los cadáveres de algunos de estos grandes pájaros pueden apreciarse en sus riberas. Precisamente el hecho de que en este comienzo de temporada se estén pescando truchas grandes, aunque muy pocas, e n los ríos leoneses puede asociarse con los cormoranes. La alimentación de estas aves incide directamente sobre los peces y truchas pequeños, que también constituyen en buena medida el alimento de las grandes «pintonas». Si hay poco alimento han de buscarlo de forma más activa quedando así más expuestas para ser capturadas. La nutria es otro genuino habitante de estas riberas. Este mamífero, sin embargo, siempre ha existido aquí sirviendo para mantener el equilibrio ecológico. Las grandes truchas enfermas son sus presas más frecuentes y, si el pescado escasea, de forma natural buscará otras zonas de pesca. Además no consume pescado en exclusiva. Si observamos la escollera de grandes rocas que se extiende en mitad del acotado percibiremos dos realidades: Por una parte las grandes piedras están prácticamente barnizadas por los blancos excrementos de los cormoranes, pero también veremos los más compactos de nutrias. Analizar los excrementos sirve, en muchas ocasiones, para averiguar la alimentación. Las nutrias de Villarroquel consumen preferentemente cangrejos señal, abundantes al parecer en este acotado y cuyos caparazones troceados y sin digerir se aprecian claramente en dichos excrementos. A falta de peces que pescar observar la naturaleza se convierte cada vez más en el entretenimiento del pescador de caña.