Desquiciante y calamitoso arbitraje del coruñés Pablo Miragaya López

Su permisivo y contemporizador inicio provocó una segunda mitad rayando lo esperpéntico

El derbi le vino demasiado grande al colegiado coruñés

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Roberto Arias - ponferrada
Ponferrada

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La actuación del colegiado coruñés rozó el esperpento. Tras una primera parte permisiva y contemporizadora, en la segunda se vio obligado a mostrar cartulina a diestro y siniestro para imponer sus particulares decisiones. Sus auxiliares Rodríguez Campos y Aira Enríquez, sobre todo el segundo, ayudaron a completar el desquiciante arbitraje del médico coruñés. Tras comerse la clara posición antirreglamentaria de Guille en el primer gol deportivista, y, cuando menos dudosa en el segundo, cambió el aire de sus decisiones, señalando la práctica totalidad de ellas favorables al conjunto culturalista, y señalando al menos dos posiciones de fuera de juego que sólo existieron en su imaginación, quizá por aquello de la compensación. Lo mejor del coruñés fue su buena forma física, que le permitió seguir el juego de cerca, y su posicionamiento sobre el terreno de juego, lo que supuso que no estorbase en la marcha del partido. En el aspecto disciplinario es donde se notó su falta de calidad para dirigir este tipo de partidos y para estar en la plantilla de colegiados de Segunda División B. Su primer error se produjo en el minuto 3, al no mostrar tarjeta amarilla a Bornes por un claro agarrón a Paulino. A partir de ahí permitió a Soto dar toda la cera que quiso en la primera parte, llegando impoluto al descanso. En la segunda mitad, y tras el endurecimiento paulatino del partido, comenzó su particular rosario de despropósitos. Tras expulsar al berciano Fuentes por una ingenua e innecesaria entrada, compensó con la segunda amonestación a Paulino, injusta a todas luces porque el manchego en ningún momento intentó engañar al árbitro. La salida de Rubio y el resbaladizo estado del césped tras haber sido regado antes del inicio de cada tiempo, hicieron el resto. Por si fuera poco le mostró la segunda cartulina amarilla a Soto sin motivo aparente, perdiéndose en una vorágine de decisiones erróneas. Fue raquítico en el tiempo de descuento, al añadir 2 minutos en la primera parte y sólo 6 en la segunda, cuando se perdieron 4 minutos en el incidente del segundo gol deportivista y otros 2 en la expulsión de los dos técnicos blancos, habiéndose realizado 4 cambios y otras interrupciones menores. En resumen, penoso arbitraje.

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