La plantilla vuelve a jugar en casa tras dieciséis días intensos para bien y para mal
León no juega en casa desde el pasado 7 de mayo. Aquel día era sábado y el equipo colocaba la primera eliminatoria frente al CAI con un esperanzador 2-0. Y desde entonces han pasado en total dieciséis días más que intensos. Ya estaban lesionados Higgins y López Valera, pero el equipo vivió momentos felices con la tercera victoria en Zaragoza que dio paso a una semana de tranquilidad para preparar la eliminatoria contra el Menorca, en la que no faltaron días de descanso para evitar sobrecargar a los jugadores. Aparentemente todo iba bien hasta que llegó una nueva desgracia con la salmonelosis de Jeffers, que acabó ingresado en la Clínica San Francisco en vísperas de viajar a Mahón. Y allí el cúmulo de mala suerte continuó con los tristemente famosos tiros libres de Lamont Barnes y en el segundo partido con la lesión de Borja Larragán. Han sido días de gloria y días de apretar los dientos porque en el León cuesta luchar contra tantas desgracias continuadas entre las que no ha faltado incluso algún problema personal de algún jugador, que ha tenido que apretar los dientes para exhibir su profesionalidad