| Antecedentes | El disgusto del 74 |
España intentará evitar un fracaso histórico ante la novata Eslovaquia El síndrome Katalinski
Aragonés apela al refranero para liberar presiones en una jornada sin margen para el error Un yugoslavo privó a la selección del otro mundial de Alemania
«Estoy seguro de que vamos a ganar y pasar. Luego, si sale con barba, San Antón y, si no, la Purísima Concepción». El castizo Luis Aragonés echó mano del refranero para tratar de liberar tensiones en la víspera del dramático choque de ida de la final entre segundones que España disputa este sábado frente a Eslovaquia en un abarrotado estadio Vicente Calderón, donde la selección nacional jamás perdió en las siete ocasiones que lo visitó. Es una reválida de contrastes, ya que España tiene la obligación de superarla y acceder al Mundial de Alemania, aunque sea a última hora y por la puerta de servicio, mientras que para los centroeuropeos el hecho de estar aquí ya supone un motivo de celebración por el trabajo bien hecho y la Copa del Mundo sería un premio histórico. La presión, la tensión y la necesidad juegan en contra de España, favorita sin discusión por nombre y por historia, aunque no si se atiende sólo a los resultados en la mediocre fase de clasificación. La técnica, los dos antecedentes y la afición, se alían con España. El poderío físico y el sueño de alcanzar la fama, con los eslovacos. Por más que Luis proclame que la evolución de la selección desde su llegada ha sido «aceptable», España llega a esta cita dejando un sinfín de dudas a su paso. Incertidumbres que incluso han provocado confusión en el seleccionador, quien se planteó la posibilidad de renunciar a uno de los extremos, a su esquema tipo, y renunció a Joaquín, uno de los fijos hasta ahora. El 'sabio' ofrece pistas, siempre interesadas, pero no deja de jugar al escondite con el once. Primero ensaya con Xabi Alonso y todo el carril derecho para Salgado. Luego, tras los primeros entrenamientos y conversar con los jugadores, regresa a sus orígenes y prueba con Luis García de Joaquín. ¿No lo tiene claro por más que lo niegue?¿Juega al despiste? ¿Desea crear dudas en los eslovacos? ¿Busca motivar hasta el final a sus hombres? Respuestas puede haber muchas y sólo Luis las conoce. Para el gran aficionado da igual. Con banda viva o muerta, con un sistema u otro, España debe superar a Eslovaquia y punto. Ya no valen excusas, ni justificaciones, ni apelar a la mala suerte, ni a la falta de gol, ni a saber competir, ni gaitas. Sólo vale ganar, evitar el ridículo y estar en el Mundial, donde España no falla desde que, curiosamente, se perdió el de Alemania-74. Reyes entró al trapo y fue el único que saltó el guión de la cautela y la humildad y habló, sin remilgos, de poder sentenciar en el Calderón con un tres o cuatro a cero. Los augurios del utrerano indignaron a la tropa eslovaca, que ha encontrado en la supuesta falta de respeto española un argumento más para la motivación. Los demás no se atreven a apostar por un resultado, consideran complicado resolver en la ida y respetan muy mucho a un rival que por algo eliminó a Rusia y, en la fase de clasificación, sólo perdió una vez, 2-0 en Portugal. Quien más y quien menos piensa en su fuero interno en vencer bien, con cierta comodidad, pero los números no invitan precisamente al optimismo. Alineaciones probables: España: Casillas, Salgado, Puyol, Pablo, Del Horno, Albelda, Xavi, Xabi Alonso o Luis García, Reyes, Raúl y Fernando Torres. Eslovaquia: Contofalsky, Zabavnik, Skrtel, Kratochvil, Had, Hlinka, Karhan, Hodur, Valachovic, Nemeth y Vittek. Árbitro: Massimo De Santis (Italia). Estadio y hora: Vicente Calderón. 22.00 (TVE 1) España debe olvidarse ante Eslovaquia del síndrome Katalinski, el futbolista yugoslavo que impidió que la selección se clasificase para el Mundial de 1974. Precisamente fue el primer Mundial que se celebró en Alemania y el último al que ha faltado España, presente en las siete últimas citas de forma consecutiva. Fue el central Katalinski quien hace casi 32 años rompió las ilusiones de España con un derechazo a bocajarro que en el minuto 13 puso el que sería el definitivo 1-0 para los balcánicos. La selección estaba dirigida entonces por Kubala, y alineó un equipo formado por Iríbar, Sol, Jesús Martínez, Benito, Uría, Juan Carlos (Marcial, min. 73), Claramunt, Asensi, Amancio (Quini, min. 73), Gárate y Valdez. Katalinski pasó entonces a formar parte de la leyenda negra de España, que anteriormente también había caído en los desempates del Mundial de Italia-34 y la fase previa del de Suiza-54. En el primer caso, en los cuartos de final de un campeonato que llevaba camino de ser grandioso, un gol de Meazza despidió al equipo en Florencia; y en el segundo, tras ser incapaz de superar a Turquía (2-2 en el desempate en Roma), la suerte se decidió en un sorteo y la papeleta no fue la de España. La selección no acusó sin embargo el síndrome Katalinski en la pasada repesca para la Eurocopa de Portugal 2004 frente a Noruega. En la ida de Mestalla, el equipo de Iñaki Sáez remontó y ganó 2-1 y en la vuelta en Oslo, España goleó por 0-3.