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MARTÍN
León

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SE HA GENERALIZADO mucho la nominación de derbi, tomada en un principio de 1.ª británica derby con la que se nombraba a la famosa carrera de caballos de tres años instituida por el conde de Derby de Epson. Aceptada la palabra por el diccionario de la Lengua, transformando la y por la i (o sea la y griega por la i latina), se define como «encuentro generalmente deportivo entre dos equipos de la misma ciudad o de ciudades próximas. Así en el campo futbolero, al derbi por excelencia se jugaba, cuando el concepto aún no se había latinizado entre Valladolid y León. Acontecimiento extraordinario en tiempos que ya se pierden en el túnel del tiempo. Aquellos partidos entre la Cultural y Deportiva Leonesa y los Luises de Valladolid. Los viejos aficionados lo recuerdan estereotipados por la pátina del tiempo. Trenes especiales, desfiles con pancartas alusivas y coplas de picadillo. Recuerdo vagamente una que decía algo así como «Vallisoletanos que venís luchando por ser campeón, y la Cultural espera darlos la estera sin compasión». Qué partidos y qué tiempos aquellos. Actualmente se ha generalizado tanto lo de derbi, que pasando las fronteras locales y provinciales ha venido a dar cobijo a una familia numerosa, desde la extensión de nuestra autonomía, lo que, hasta cierto punto, ha diluido el interés y la importancia de estos encuentros. Ahora bien, en los tiempos, digamos modernos, por mor de las circunstancias, el encuentro entre los equipos de la Cultural y de la Deportiva Ponferradina se han convertido en el derbi por excelencia. Y aquí están en un momento importante para el devenir de ambos equipos en la Liga, lo que aumenta la importancia y el interés del evento. Llega la Ponferradina, al Nuevo Antonio Amilivia, en un momento posiblemente clave para el devenir de ambos equipos en la Competición. La Ponferradina persiguiendo, muy de cerca, los puestos de premio; la Cultural sumergida en la cola de la clasificación tratando de alejarse, primero del peligro, para luego iniciar una escalada que la lleve -difícil pero posible- a los puestos de cabeza de la tabla. Se inicia la segunda vuelta de la Liga; faltan aún por disputar diecinueve partidos (a la Cultural veinte, por el aplazado ante el Zamora) y aún hay recorrido y tiempo de poder, al final, ser o no ser. Importancia de los puntos que tienen un valor añadido en la moral que va a proporcionar aquel que consiga adicionarlos a su casillero de puntuación. Yo diría que para la Cultural son decisivos. Colorido, expectación, mucho en juego. El colorido que dará a la ciudad la masiva llegada de aficionados bercianos (se vaticina pro algunos que rozará el millar), seguramente llenos de alegrías, canciones, pancartas y esperanza. Como en los viejos tiempos, aquellos que había que pasar el Manzanal, viajando por estrechas carreteras, en aquellos viejos cacharros que se fatigaban en la subida del Puerto y pedían, renqueantes y humeantes sus motores, un punto de reposo para la recuperación, aunque también, el buen vinillo y buen jamón de Manzanal del Puerto, actuaban como señuelo y justificación a un tiempo. Riadas de aficionados paseando alegres por la calle de Ordoño o por la calle del Capitán Lazúrtegui. Todos, «contentos de ser de aquí», y porque, «del Bierzo a la gloria hay un peldaño». Canciones al viento, alegría, expectación y, como se dice ahora, «buen rollo». Incógnitas a despejar en ambos equipos con la entrada de refuerzos, que aspiran a serlo, y ausencia de algunos, en otros tiempos puntales, y que en el actual, aún afanándose por serlo -entrega y lucha- no encontraron su forma adecuada.

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