El León más indolente recibe una dura cura de humildad del Bruesa
El equipo no estuvo nunca en el partido ante un rival al que le salió todo porque se creció
El Bruesa se convirtió ayer en un gigante para León; en la imagen Dumas presionado por David Doblas
A Baloncesto León se le cayeron ayer los pantalones hasta los tobillos en el medio de la pista. El líder, la mejor defensa de la liga, ese equipo que quiere hacer un fortín del Palacio de Deportes se transformó en un grupo de jugadores -que no equipo- que malvivieron indolentemente y totalmente apáticos sobre el parqué, mientras el Bruesa sacaba oro de la situación para certificar su billete para el play off. Gustavo Aranzana lo había reclamado esta semana. León no podía faltar al respeto a los rivales y sólo manteniendo el nivel de concentración y la disciplina táctica saldrían las cosas en este final de la liga. El mal fue menor porque el CAI cayó ante La Palma, pero el equipo leonés desperdició la ocasión de ser campeón de forma matemática de la fase regular a falta de una jornada, al fallar el equipo maño, que no logró un nuevo récord en la LEB con quince victorias consecutivas. Ayer en el Palacio ya sorprendió Aranzana de entrada al ofrecer un quinteto poco habitual, en el que salían Dumas y Barry para dirigir el equipo. Y fue precisamente el estadounidense el que logró un empate a 2-2 tras la primera canasta de Doblas que iniciaría el desastre. Pocos minutos después el público miraba asombrado al luminoso y veía un 4-13, un 8-20 y así sucesivamente hasta que en el último cuarto el rival se fue hasta de 22 puntos (49-71). Desde las primeras jugadas se pudo ver a un León descentrado, incapaz de conseguir un rebote -al descanso el balance fue 11/26 y al final 26/39-, con Doblas amó de las pinturas y con un Bruesa que hacía lo que Aranzana había augurado, aunque con el matiz de que nadie en León era incapaz de despertar para evitarlo. Atrás el equipo tenía el freno de mano puesto y en ataque el día de cara al aro era más que nefasto, hasta el punto de que León no alcanzó ni siquiera el 40% en tiros de dos al final. Aranzana paró el partido con un 5-15 en el ecuador del primer cuarto y poco tiempo después realizó una auténtica revolución en el quinteto que tenía en la cancha. Pero el Bruesa se había crecido y le entraba todo, mientras a León no le entraba ni lo más fácil (15-24). En ese aspecto de ataque el segundo cuarto fue nefasto. En diez minutos León sólo anotó en juego en las manos de Bulfoni, con ocho puntos -dos triples- mientras los otros dos puntos llegaban en unos tiros libres de Mills. El resto nada de nada y cuando Aranzana incluso acudió a la zona como recurso para frenar al rival de nada sirvió. Al descanso el 25-42 dejaba claro que sería muy difícil otro resultado que no fuese la derrota de León. En el tercer cuarto Aranzana apeló a su quinteto más habitual con Bernabé, Bulfoni, Mills, Barnes y Higgins, pero las tendencias no cambiaron. El Bruesa elevó su renta máxima a 19 puntos (27-46) porque León sólo vivía de los puntos de Mills. En el ecuador del cuarto hubo una jugada clave, al generan Bernabé una falta en ataque de Ricardo Uriz que llevó al ex jugador del Bilbao a encararse con los árbitros. La tensión despertó a los jugadores de León y desadormeció a la grada, lo que llevó al equipo a ponerse a nueve (44-53). En el periodo definitivo León entró once abajo y quizás en la plantilla se recordaba lo ocurrido hace diez días en Los Barrios, donde en ese minuto caían de trece. Había tiempo... Y de entrada el Bruesa se anotó un parcial de 1-6 para elevar la renta a la veintena de puntos y dejar claro que quería la victoria. Aranzana sentó a los dos estadounidenses y jugó con dos bases para intentar al menos paliar el desastre. Aunque todo estaba decidido fue muy poco el público que se fue, una situación inversa a la del palco, del que desapareció un porcentaje importante de ocupantes. No era el día para nadie del equipo y lo dejó claro Bernabé cuando falló un tiro libre, algo casi inaudito en el base alicantino. Los minutos se hicieron eternos aunque Román y Bulfoni se empeñaron en que la derrota no fuese escandalosa. Y de lo poco positivo de la noche fue el comportamiento del público. Ni un silbido. Sólo aplausos y El Tambor tocando su Chocolatero y la Marea Roja al grito de «León, León». Ante todo, comprensión.