GOLF

Woods vuelve a sonreir tras la muerte de su padre y deja claro que es el mejor

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Fran Guerrero - hoylake
León

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Si alguien tenía alguna duda sobre si Eldrick Tiger Woods era el mejor jugador de la historia del golf o no, la victoria en el Open Británico despejó la incógnita. Tiger es le mejor jugador que el golf ha conocido. Es sólo cuestión de tiempo que Woods supere las marcas de Nicklaus. Tiene hasta los 46 años para ganar el último Grande, si quiere igualar a su héroe, y cambiar (a lo mejor de imagen). A Woods siempre se le acusa de no tener la magia de otros golfistas como Severiano Ballesteros. Quizá Tiger no necesite salir de un aparcamiento, traspasar una pared o escapar de mitad del bosque a lo Bagger Vance; la constancia, la perfección y colocar la bola siempre en el punto exacto del campo es otra virtud que sólo aprecian aquellos que entiende, viven y conocen este deporte a fondo. Planteó una última jornada como un verdadero estratega, en la más pura línea de un Alejandro Magno o un Aníbal. El mayor pegador del mundo, sólo sacó el drive una vez en cuatro días. «Me di cuenta nada más llegar al campo. Le estaba pegando muy largo, pero, ¿para qué? Aquí no valía la distancia, sino la colocación. Cuando pegas tan largo no puedes controlar dónde va ir la bola y eso era fundamental. Nunca he visto las banderas tan difíciles en un Open Británico como las que he visto, y sufrido, aquí», indicó el jugador. Quizá Tiger no levante pasiones pero se ganó un lugar en el corazón de muchos cuando lloró como un niño, en su entrada triunfal al 18, se le empezaron a saltar las lágrimas. «Nunca me había pasado. Supongo que exploté como una botella de champán que no debe agitarse mucho. Fueron muchas emociones juntas, pero sobre todo el recuerdo de mi padre», indicó. La sombra de García Sobre este maravilloso links de Hoylake sólo había un jugador: Tiger Woods. Sergio García fue una sombra de sí mismo, engullido por las fauces del Tigre. No me gustaría encontrarme en un callejón oscuro con esa mirada de cazador concentrado en su pieza. Ernie Els trató de mantener el tipo e hizo lo que pudo. Chris DiMarco le plantó cara, espoleado también por el recuerdo de su madre, que murió en las mismas fechas que el padre de Tiger, y fue un rival digno, sobrio, al que le faltó un pelín de suerte para embocar un par de putts que se le quedaron colgando del hoyo.

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