Atletismo | Campeonatos del Mundo
Luces y sombras en Osaka de un equipo español que ya mira a Pekín
El atletismo español cuajó en los Mundiales de Osaka una actuación sin apenas medias tintas en la que el éxito de una docena de atletas contrastó con el fracaso de algunos de sus clásicos. Para empezar, España viajó a Osaka con un equipo de 46 atletas, el más reducido desde Stuttgart'93, porque las previsiones de la Federación Española en cuanto a consecución de marcas mínimas -llegó a pensar en 70- no se cumplieron. Los Mundiales empezaron mal para España. La capitana Marta Domínguez se quedó, finalmente, en casa, y el capitán Manuel Martínez no pasó el primer examen. El leonés, que había sido campeón mundial en pista cubierta en Birmingham'03, sólo tuvo éxito en Osaka en las elecciones a la Comisión de Atletas, en las que resultó elegido a diferencia de Carlota Castrejana. La vallisoletana Mayte Martínez obtuvo, por lo inesperada, la medalla más preciosa, pese a ser de bronce. En una final de altísimo nivel con seis atletas por debajo de 1:59, Mayte hizo una demostración de garra en la recta y acabó tercera con la segunda mejor marca española de la historia (1:57.62). La tercera medalla llegó, por segunda vez, del sector de marcha. La barcelonesa María Vasco -bronce- regresó a un podio universal siete años después de convertirse en Sydney en la primera atleta española que ganaba una medalla olímpica (otro bronce). Fuera del podio brilló especialmente Jackson Quiñónez, primer español en una final de 110 metros vallas desde hace 20 años, que regresó con un séptimo puesto y un nuevo récord de España establecido en semifinales e igualado en la final (13.33). Las duras características climatológicas que se encontraron los atletas han de servir de advertencia de cara a Pekín.