Reportaje | El terror de los maizales

Crece el malestar en el campo porlos destrozos que causan los jabalíes

A l os daños a los cultivos se le suman los cada vez más frecuentes accidentes de tráfico

Los daños en los cultivos de maíz están siendo importantes en zonas del Páramo y del Esla

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Pedro Vizcay - león
León

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Pese a que la temporada del jabalí se abre oficialmente el 21 de septiembre, en estas primeras fechas no suelen solicitarse monterías, ya que todavía hace excesivo calor que perjudica a los perros de rastro. Además las piezas abatidas corren el peligro de malograrse, pues la carne se estropea con facilidad con el calor y los insectos. En algunas zonas del Bierzo, donde abundan los sotos de castaños, si que suelen organizarse pequeños ganchos y monterías con la finalidad de alejar a las reses y evitar daños en la cosecha. Sin embargo, y en la actual campaña, se están detectando abundantes cerdas con sus crías en los maizales del Páramo y Esla. Cuando hace algunos años el maíz comenzó a ser prácticamente un monocultivo en estas zonas, el jabalí se introdujo de forma paulatina en las enormes manchas de cultivo convirtiéndolas en un hábitat inestable, ya que su hábitat tradicional seguían siendo las zonas montañosas boscosas y de monte bajo, donde encontraba su alimento habitual en forma de hayucos, bellotas, castañas y otros frutos del bosque. De esta forma se establecían dos zonas claramente definidas, una estable en la que pasaba la primavera y gran parte del verano y otra inestable a la que bajaba acuciado por el hambre durante el otoño y el invierno. Sobre el mes de marzo o abril las cosechadoras le desalojaban al destruir su refugio. Las primeras invasiones de «cochinos» no dejaban de producir sorpresa y curiosidad para unos cazadores, acostumbrados a la caza menor, que veían invadido el territorio en el que sólo había liebres y perdices. Los daños ocasionados en los cultivos llevaron a autorizar batidas y aguardos nocturnos con resultados espectaculares, no tanto por el tamaño como por la cantidad de reses abatidas. Paralelamente comenzó a surgir otro problema: los accidentes de tráfico provocados por estos animales, en carreteras habitualmente rectas, donde los vehículos circulan a bastante velocidad a diferencia de las vías de montaña. Con el paso del tiempo las manchas de maíz se han convertido en un hábitat estable en el que permanecen la mayor parte del año. Este hecho, unido a la frecuencia de accidentes de tráfico, ha provocado que muchos acotados de caza menor estén introduciendo al animal en sus planes cinegéticos para poder así cazarlo sin necesidad de autorizaciones especiales. De hecho, tal y como consta en algunas renovaciones de cotos, el jabalí ya aparece entre las especies cinegéticas de forma que procede autorizar un número determinado de ganchos de acuerdo con la superficie y las previsibles poblaciones de cochinos. En la campaña que ahora comienza, y a tenor de los daños denunciados, podría haber gran cantidad de camadas en los campos de maíz y pocos en el monte. Esto no es bueno para la caza, ya que la mayor parte del cereal no se cosechará hasta el próximo año y los cotos de montaña van a notar la merma de «cochinos» que se han bajado hacia los regadíos. Pero tampoco abajo se cazará bien, pues las manchas son tan extensas que resulta imposible batirlos. Entre tanto ya se están viendo los daños y los animales. El pasado fin de semana, en Campo de Villavidel a 25 kilómetros de León, este comentarista tuvo que frenar para no atropellar a una «gocha» con cinco rayones. Otros conductores no tienen tanta suerte y los atropellos con daños a vehículos están sufriendo un incremento espectacular.

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