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La presión psicológica es el «nuevo» jugador
El fútbol cede terreno al estado anímico ante la incansable presión del Madrid al Barça
El fútbol ha cedido terreno al estado de ánimo. La lucha por la Liga ya no sólo se va a decidir con el balón, sino también con la fuerza mental. En juego, el Real Madrid está a años luz del Barça, pero en el terreno psicológico, los blancos se han rearmado de tal manera que tienen la posibilidad de colocarse a un solo punto de los azulgrana a falta de cuatro jornadas. El fútbol es del Barcelona, pero la fe es del Madrid, y ahora vuelven a surgir en Can Barça los fantasmas de hace dos temporadas, cuando los catalanes dejaron escapar el título ante las épicas e increíbles remontadas blancas. En cualquier caso, el líder sigue dependiendo de sí mismo. Esa es su mayor ventaja, porque las leyes de la razón hace tiempo que han abandonado la competición. El mejor Barça de la historia no ha sido capaz de despegarse del Madrid más convulso y menos fiable de los últimos tiempos y ahora se siente más presionado que nunca por el estandarte de la ilusión. Por el Madrid que no se rinde nunca. El que no ha dejado de creer en sí mismo y, relanzado por las necesarias dosis de fortuna —lo que algunos llaman la suerte del campeón— es el único capaz de arruinar la sobresaliente temporada del equipo de Pep Guardiola. La que puede cerrarse con un triplete histórico, aunque también, si el fútbol no hace justicia, pudiera quedarse sin títulos. Inmerso en la recta final de las tres competiciones, le toca al Barça, que sólo ha pinchado en los últimos partidos el difícil campo del Valencia, responder a la incansable presión madridista y demostrar en un duelo directo que es el balón el único que puede marcar la trayectoria de una competición tan rara. El derbi de este sábado en el Bernabéu ha adquirido una trascendencia inesperada por los méritos del Madrid, que con Juande Ramos ha conseguido 17 victorias, frente a un empate y una derrota, precisamente, la que sufrió en el Camp Nou en el primer partido en el banquillo del sustituto de Bernd Schuster. Sin embargo, no hay que olvidar que para ganar el golaverage particular, el Madrid debería superar al Barça por más de dos goles de diferencia, porque en campo azulgrana el resultado fue de 2-0. Otro dato al que se agarran los azulgrana cuando sienten más cerca que nunca el aliento de los madridista y en la cabeza y las piernas se les agolpa también la semifinal de la Copa de Europa y la final de Copa. El Barça dispone de plantilla para ganarlo todo, pero ya no tiene margen para dosificar, mientras que al Madrid sólo le queda la Liga y ha llegado al momento decisivo fortalecido como nunca antes. Espectáculo contra eficacia Desde hace ocho jornadas no estaba el Madrid tan cerca del Barcelona, que llegó a tener 12 puntos de ventaja entre el final y el principio de una espectacular segunda vuelta del vigente campeón. Calificada por Di Stéfano como «una proeza», cuando otro equipo víctima de una grave crisis institucional y deportiva, con cambio de presidente, un entrenador que en principio tenía fecha segura de caducidad y parte de una plantilla perseguida por los rumores de despido, se hubiera hundido. Incluso ya han batido su récord histórico de victorias consecutivas a domicilio: ocho. Lo máximo a lo que había llegado el Madrid fueron siete, hace casi ya medio siglo, en la temporada 1960-61. La última de ellas, gracias al resucitado Raúl, que con 18 tantos ha conseguido igualar a Higuaín como máximo goleador del Madrid, con su tercer hat-trick en la Liga. El Barça dispone del ataque más demoledor de Europa y del mejor futbolista del mundo, Messi, pero el Madrid tiene a Raúl, abanderado de la casta y el oportunismo. En la guerra de nervios en la que se ha convertido este inexplicable campeonato y que quizás no sólo sea suficiente con la calidad y el brillante fútbol con el que el Barcelona ha deleitado. Suyo es el espectáculo, la ambición. Del Madrid, el resultadismo, la eficacia.