El valor de la lucha
Tal vez en Tsadomé no conocían bien la lucha leonesa pero no tienen duda alguna sobre la lucha por la vida. Allí, en esa aldea de Togo, tener agua es un privilegio y jugar al fútbol con un balón y en un campo, un milagro. León tiene algo en común con esta porción de tierra africana que no ha sido bendecida por la justicia humana, y hay dudas sobre si lo ha hecho la divina. De Tsadomé llegó hace años un luchador, Koffi Amesuwo Agbenyega, en busca de una oportunidad y de un poco de esperanza. Pero nunca olvidó de dónde vino. Y con él fueron llegando familiares y amigos de allí a aquí, y dinero y sueños de aquí a allá. Entre trabajo y trabajo, Amesuwo, un refugiado económico, se refugió en el deporte y en la ayuda a los demás. Ahora, otros luchadores fueron desde León a su tierra y volvieron de ella dispuestos a que nada siguiera igual. Héctor el Divino, Miriam Marcos y Clemente García hicieron su llamamiento y encontraron respuesta: ¡sí, hay quien luche! La ancestral fórmula con que se citan en esta tierra antigua los aluches sirvió para convocar a León a un corro solidario para que el poblado de Koffi tuviera un pozo y un pedazo de césped. Agua para la vida, fútbol para el alma. Lucha para la solidaridad. El mismo camino. El mismo premio. Amesuwo obtuvo el Valores Humanos el pasado año, Héctor, Miriam y Clemente, éste. No estarán solos. Otro gran impulsor de lo mejor que tiene el deporte estará con ellos. Comparte ese galardón. Desde la asociación León Acoge, Javier Arias Carro ha unido a todas las nacionalidades posibles en un campo de fútbol en León. Y desde allí ha marcado el mejor de todos los tantos: mostrar el valor de la igualdad y el valor de la diferencia. Como en un campo de fútbol, sólo gana un equipo, sólo triunfa la unión. Cuatro deportistas comprometidos para un gran premio: la lucha por los demás. Sin esperar más premio. Pero lo tienen.