Los recortes en sanidad y educación destruyen comercios y empresas
Los ajustes obligan a los hogares a ahorrar en gastos como ropa, calzado o alimentos.
¿Pasan factura a los comercios y a las empresas los recortes en sanidad, educación y dependencia? La respuesta es afirmativa, concluyen los expertos, aunque la mayoría de los negocios afectados nada tenga que ver con el servicio esencial cercenado. La explicación es simple: a menor cobertura oficial, más recursos tienen que destinar las familias a garantizar su salud, a pagar colegios o a contratar cuidadores. Y ese dinero ya no lo usan para ir de compras.
En su último informe económico, Esade analiza el impacto de la austeridad sobre los presupuestos de las familias. Y concluye que cuando las administraciones públicas recortan el estado de bienestar, a la vez obligan a muchos hogares a detraer cuantiosos fondos que antes podían destinar a consumos como alimentación, vestido, calzado, vivienda y ocio. La consecuencia más palpable, además del empobrecimiento de los hogares, es el cierre de miles de pequeños comercios y empresas (por ejemplo, de hostelería) dedicados a esas ramas de la actividad.
El análisis de la composición del gasto de las familias en el 2011 desvela que existen tres grandes grupos que absorben casi el 60% del total. Se trata, por orden de importancia, de la vivienda y sus gastos asociados (agua, electricidad, gas y otros combustibles), con el 31,3%; alimentos y bebidas no alcohólicas, que se lleva el 14,4% del gasto, y los transportes, que absorbe el 12%. Muy por detrás, casi en la cola, se encuentran la enseñanza (1,05%), bebidas alcohólicas, tabaco y narcóticos (2,08%), salud (3,09%) y comunicaciones (también 3,09%).
La diferencia
La profesora Anna Laborda, autora del estudio, pone el foco sobre los bajos porcentajes que sobre el total representaban hasta el 2011 la enseñanza y la salud, que según su análisis dan testimonio del apoyo que representa para las familias disponer de sistemas públicos en ambos servicios. El problema surge cuando disminuye o desaparece esa ayuda: «En tanto y en cuanto estos dos bienes, dados los recortes presupuestarios y los cambios en la orientación política respecto al Estado de bienestar, puedan ir incorporando medidas de copago (como sucedió en 2012) la repartición del gasto de las familias podría variar», advierte.
La causa que provocaría estos cambios sería la escasa flexibilidad que ambos bienes poseen en cuanto a reducción del consumo. En ese sentido, el informe de Esade recuerda que la educación es obligatoria hasta los 16 años y que los gastos en sanidad, sobre todo los que se refieren a medicamentos, no dependen tanto del nivel de renta del enfermo como de una necesidad física a la que a menudo no puede renunciar.