Francia resucita los viejos fantasmas del déficit en Bruselas y pide tiempo
París demanda el oxígeno que la Comisión Europea le acaba de denegar.
El presidente francés, François Hollande.
El déficit público vuelve a escena. Cuando las aguas económicas de la UE reposan con una calma inusitada, el eterno debate de la austeridad ha recobrado su abrumador protagonismo de antaño de la mano del nuevo Gobierno francés liderado por Manuel Valls. «En los próximas días aclararemos nuestra trayectoria presupuestaria. Hay conversaciones con Bruselas», recalcó hace escasos días.
Lo hizo, eso sí, tras lanzar un medido guiño a la Comisión Europea al admitir que «no hay más alternativa que reducirlo porque la credibilidad de Francia está en juego». Algo así como ‘sí, cumpliré, pero necesito más tiempo.’ Una baza que quiere jugar la maltrecha izquierda francesa y que de momento no ha encontrado apoyos en la UE. Todo lo contrario. El portazo recibido ha sido sonoro. No, no y no. «El déficit pactado se cumple, no se debate», recalcan fuentes comunitarias.
La batalla no ha hecho más que comenzar y puede tener aliados de peso como Italia, con un Mateo Renzi que acaba de tomar las riendas de un país en evidente crisis. Roma, sin embargo, ha optado por adular a Bruselas y evitar una confrontación pública. Se ha comprometido con el déficit aunque a buen seguro que Renzi, un gran encantador de serpientes, buscará la complicidad de la Comisión para lograr cierto margen fiscal.
También está el ‘factor España’, alumno aventajado en austeridad y ojito derecho de Berlín. Jamás dirá en público que los objetivos de déficit deben ser modificados, pero el reto que el país tiene de cara a 2015 y 2016 es de aúpa y cualquier décima de colchón que pueda pescarse en un río tan revuelto sería más que bienvenida.
Cambios en la cúpula
El momento es propicio. Europa atraviesa una fase de extraña transición con unas elecciones comunitarias que están a la vuelta de la esquina (25 de mayo) y que pueden deparar cambios de enjundia en la cúpula de la UE. Empezando, sin ir más lejos, por la propia Comisión, donde el socialista alemán Martin Shulz tiene opciones de presidirla. Un candidato que aún hoy es presidente de la Eurocámara y que el miércoles se mostró a favor de hallar puntos de entendimiento con París en su nueva cruzada contra el déficit. No obstante, por si Francia albergaba alguna duda, el candidato de los populares europeos, Jean-Claude Juncker, fue muy explícito: no habrá más oxígeno para Valls. Que cumpla.
«Ya se ha beneficiado de dos prórrogas y no hay motivos para una tercera. Lo que debe hacer el nuevo Gobierno es emprender reformas y ganar en competitividad, como han hecho países como España», recalcó Olli Rehn. La casualidad quiso que lo dijera desde Atenas, cuna de muchas cosas pero también símbolo de la inflexible dureza fijada por la troika. El comisario de Asuntos Económicos, reunido con los ministros de Finanzas del euro y el presidente del Banco Central Europeo (BCE), encajó sin inmutarse las primeras andanadas de Hollande y Valls en contra de la austeridad y pidiendo medidas de crecimiento. En el caso francés, Bruselas acordó que «debía alcanzar un objetivo de déficit global del 3,9% en 2013, del 3,6% en 2014 y del 2,8% en 2015». Debía, porque el pasado ejercicio lo acaba de cerrar en un 4,3%. Primer incumplimiento.
Para alcanzar ese 2,8%, París debe recortar 30.000 millones de euros en apenas 20 meses. Y hacerlo blandiendo la bandera socialista tras haber recibido un sonoro batacazo en las urnas. Francia duplica el PIB de España (un billón), de ahí que cada décima de déficit se traduzca en nada menos que 20.000 millones. Dicho a la alemana: París cerró 2013 gastando 90.000 millones más de lo que ingresó, mientras que en Berlín ya acarician el déficit cero, el equilibrio. Gastar lo que se tenga, no más.