Las últimas reformas se dejan sentir ya en la cuantía de las nuevas pensiones
Las jubilaciones más recientes son sólo un 1,7% más altas que las de hace un año.
No se han cumplido aún dos años de la entrada en vigor de la gran reforma de las pensiones que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero hizo para salvar el sistema de los efectos demoledores de la crisis y ya puede observarse la tendencia a la moderación en el gasto. La cuantía de las nuevas prestaciones crece menos que en el pasado por la aplicación de nuevos factores, como la elevación del periodo de cómputo para su cálculo.
Sus efectos, no obstante, se notarán más a medio plazo. Antes se acusarán otras medidas más inmediatas incluidas en la última reforma de las pensiones, esta vez obra del Ejecutivo de Mariano Rajoy. Entre ellas, el abandono de la referencia de la inflación para la subida anual de las prestaciones, que se ha quedado así en el 0,25% frente al más del 2% habitual antes de la recesión.
Lo que está ocurriendo con las nuevas prestaciones de jubilación -las más importantes y que marcan la tendencia del resto- es revelador. Por ejemplo, las abonadas por primera vez en julio en el conjunto del sistema eran sólo un 1,7% más altas que las de un año antes (1.318 euros frente a 1.296), lo que supone el incremento más bajo en la serie histórica que facilita la Seguridad Social (antes era de un 4,6% en 2009). Ya en 2013 hubo tasas de crecimiento más bajas que en años anteriores.
El crecimiento anual de la nómina de las pensiones -que no se ha quebrado desde que se creó el sistema- no sólo tiene su origen en las subidas anuales que dicta el Gobierno, sino sobre todo en el incremento del número de beneficarios y en la evolución al alza de las nuevas prestaciones, que es justo uno de los factores que se está frenando.
Las nuevas pensiones de jubilación son más altas porque están calculadas sobre la base de los últimos salarios percibidos por los trabajadores que, salvo excepciones, resultan más elevados que los de años precedentes. Esto genera un efecto sustitución, ya que su cuantía es mayor que las que desaparecen por fallecimiento de sus titulares.
Los datos de la Seguridad Social reflejan, no obstante, que en ese efecto aún no se han acusado las reformas aplicadas en los últimos años, cosa que se producirá a largo plazo. De hecho, la diferencia entre una pensión de jubilación que desaparece y una que se crea es ahora más alta que nunca. El pasado julio fue de 358 euros en el conjunto de España, cuando seis años antes era de 303 euros. Dada la contención salarial de los últimos años y las reformas aplicadas, esta desigualdad deberá moderarse a corto plazo.
El sistema, tal como concibe el pago de las prestaciones con la recaudación de las cuotas sociales, estaba encaminado a la quiebra en muy poco tiempo. De hecho, sólo ha podido mantener los pagos recurriendo al Fondo de Reserva creado en tiempos de superávit para esas situaciones de crisis.