El déficit vuelve a estigmatizar a España, el peor país después de Grecia
A. L. | Bruselas
La meta, lo acordado, era el 4,2% del PIB. Sin embargo, todo se fue al traste, como se temía Bruselas. Rajoy, primero, habló del 4,5% de déficit en 2015. Montoro, en apenas un par de semanas, lo disparó hasta el 5,2% y luego, el propio Montoro, lo rebajó hasta el 5% —el 5,1% con ayudas a la banca—. El mal menor es que Eurostat bendijo ayer estas cifras y no dio un nuevo susto a la ya tocada España, que ha vuelto a quedar estigmatizada en la fotografía europea por su mejorable gestión de las cuentas públicas. Porque ese 5% de déficit implica muchas cosas y ninguna buena. Supone, por ejemplo, ser el peor país de la UE sólo por detrás de la tres veces rescatada Grecia (-7,2%) y sugiere un problema estructural muy grave: que gastó 54.965 millones más de lo que fue capaz de ingresar. Todo ello creciendo por encima del 3%, con el precio del petróleo en mínimos y el BCE tomando medidas históricas como la compra masiva de deuda pública o la bajada de tipos al 0%. Las dudas están ahí. Si con tanto viento de cola hay un déficit del 5%, cuando vengan mal dadas, ¿qué? La biblia comunitaria se llama Pacto de Estabilidad y Crecimiento y éste dice que el déficit debería estar situado por debajo del 3% del PIB. También marca que la deuda pública tendría que quedar por debajo del 60%, pero esta batalla sigue aparcada por Bruselas (el mejor ejemplo es que muy pocos países la cumplen... ¡ni Alemania!). España, por ejemplo, cerró 2015 con el 99,2% del PIB. La clave es el déficit y nuestro país se encamina a cumplir una negra década de incumplimientos. Cada vez son menos los países que están por encima de ese 3%. En la Eurozona, Grecia, España, Francia y Portugal. Fuera, Reino Unido y Croacia. En el extremo contrario se encuentran países como Alemania, que registró un superávit del 0,7% (ahorro de 21.200 millones) o Luxemburgo, que también cerró en verde (1,2% del PIB).