España, la potencia más inútil de la UE en la recaudación de impuestos

La economía sumergida, el fraude y las desgravaciones, los principales escollos a salvar.

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León

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A. Lorente | Bruselas

Si hay una palabra que define a la Unión Europa es diversidad. Un todo integrado por 28 Estados miembros, 28 intereses nacionales, 28 formas de vivir, de pensar, de gastar y de ingresar. En España, el tesoro se llama poder ir al pediatra las veces que uno necesite sin tener que sacar la tarjeta de crédito.

Este es un simple pero elocuente ejemplo de la Europa de las mil velocidades, de las mil culturas, del Norte y del Sur. Esa UE en la que en Bélgica, por ejemplo, el salario mínimo interprofesional es de 1.502 euros (más del doble que España), pero la carga impositiva que se soporta es para echarse a temblar. ¿Por qué? Pues para sustentar su poderoso aunque cuestionado entramado público.

Los ingresos fiscales del país suponen el 51,3% del PIB. Los gastos, el 53,9%. ¿Mucho? ¿Poco? En España, por ejemplo, el porcentaje de ingresos es del 38,2% y el de gastos, del 43,3%. En la UE, del 45% y el 47,4%, respectivamente. La diferencia es abismal. Tanto que si España quisiera equipararse a la media europea, el Gobierno tendría que ingresar 70.000 millones más cada ejercicio.

En el furgón de cola

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España no sabe ingresar, situándose en el furgón de cola comunitario junto a países como Rumania, Bulgaria, Letonia o Polonia. Y no es porque los tipos del IRPF, del IVA o del Impuesto de Sociedades sean muchísimo más bajos que el del resto de socios. Todo lo contrario. España es considerado uno de los países con la carga tributaria más elevada. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Las explicaciones pivotan sobre varios grandes ejes: la economía sumergida, el fraude y las desgravaciones. El ministro de Hacienda en funciones, Cristóbal Montoro, puso el grito en el cielo nada más regresar al cargo en 2011 y ver cómo los grandes del Ibex «sólo pagan un tipo efectivo del 3,5%». Ha reconducido algo la situación, sí, pero aún es insuficiente. España tiene un gravísimo problema para cuadrar sus cuentas. Lo venía advirtiendo Eurostat y lo ratificó hace días la agencia estadística comunitaria. Un problema que se ha recrudecido con la crisis, aunque ya existía en los años dorados.