El devenir de alguna modalidad de economía colaborativa genera críticas
Según un experto los problemas que causan algunas plataformas se deben al afán de lucro.
j. a. bravo | madrid
«La tecnología no crea su propio destino, sino que interactúa con nuestra cultura y nuestras instituciones». Esta fue la advertencia lanzada el pasado 26 de junio en Barcelona por uno de los mayores expertos en la llamada economía colaborativa, un término tan difuso como cambiante tras el que aparecen realidades muy distintas. Se trata del profesor Yochai Benkler, catedrático de Derecho Empresarial en la Universidad de Harvard, quien viene así a llamar la atención respecto al hecho de que los problemas que están generando algunas plataformas no son culpa del sector en sí, sino del propio afán de lucro que tiende a controlar la sociedad.
Y es que en los primeros años de la crisis la aparición de lo que entonces se llamó consumo colaborativo buscaba «compartir» activos (productos y servicios) poco utilizados. El negocio era entonces algo claramente secundario. Fruto de aquel movimiento incipiente de 2009 y 2010 nacieron decenas de modalidades aplicables a distintos ámbitos (alojamiento, finanzas, transporte, trabajo, consumo, educación, gastronomía…) y en las que predominaban expresiones como «intercambio», «trueque», «segunda mano», o tecnicismos como «crowdfunding (proyectos de financiación grupales o de masas)», «crowdticketing (organización de sesiones de cine, teatro o similar bajo demanda).
Pero las grandes plataformas de servicios a través de Internet, como Uber y Cabify en el transporte de viajeros bajo demanda -donde rivalizan con el taxi-, o Airbnb y Homeaway en el turismo y la vivienda -su alquiler de pisos ha despertado duras críticas entre el sector hotelero y, en bastantes casos, los propios vecinos de esas zonas por la masificación de esos viajeros ‘low cost’-, por citar a las más poderosas, han terminado por hacerles sombra y, a la vez, ser objeto de una polémica creciente que distorsiona la imagen del resto de operadores colaborativos. Y es que, como apunta el profesor Benkler, «no todo es ‘sharing’ -palabra inglesa que significa compartir y que los expertos creen más adecuada para estas actividades- en el sentido más literal y filantrópico».
«Yo creo más en el futuro de esos modelos ligados a la filosofía de una economía circular (fabricar pensando en reutilizar) que cuando se sustituye un mercado por otro, como por ejemplo Uber, o un empleado fijo por otro autónomo», señala Alejandro Lago, profesor de Producción, Tecnología y Operaciones del Iese.