El absentismo golpea la construcción: tres semanas perdidas por trabajador
Varias personas trabajan en la construcción en Zaragoza.
El elevado y alarmante absentismo que se registra en España, situado en máximos históricos, está generando un cuello de botella en la construcción, sobre todo en las pymes, las más afectadas, en un momento en el que la vivienda se sitúa como el principal problema de los españoles y en el que se acusa una falta de mano de obra cifrada en 700.000 trabajadores para este sector. Así lo advirtió este lunes en rueda de prensa el presidente de la patronal CNC, Pedro Fernández Alén, durante la presentación del primer informe sectorial sobre el impacto del absentismo.
Este fenómeno -entendido como toda ausencia al puesto de trabajo durante el horario laboral fijado, por lo que comprende los días de bajas por Incapacidad Temporal y los permisos pero excluye las vacaciones- se ha disparado en la construcción hasta el 6,2% de la jornada efectiva pactada, un porcentaje récord que duplica el registrado en 2018. Así, cada trabajador se ausentó de media 113 horas en 2025, el doble que hace diez años, lo que equivale a que faltó de su puesto catorce días al año, prácticamente tres semanas. Dicho de otra forma, por cada 16 trabajadores contratados, solo trabajan 15, de modo que más de 70.000 asalariados no trabajaron durante el año pasado ni una sola hora por causas de absentismo, según los datos reflejados en el informe.
Esto está golpeando de forma directa a las empresas de la construcción, puesto que su impacto en esta actividad suele amplificarse por la dependencia de cuadrillas, la secuencia de las obras y el papel estratégico de ciertos oficios, ya que la ausencia de un solo trabajador puede retrasar actividades completas y generar costes adicionales. "El absentismo en la construcción tiene efectos de cuello de botella y arrastra muchas más cosas. Una obra sin gruista no funciona, puede parar todo el centro de trabajo", denunció Fernández Alén.
Cinco días más por enfermedad
Son varias las causas, como la buena marcha de la economía -que habitualmente hace crecer el absentismo- o la ampliación y creación de nuevos permisos remunerados, pero la patronal señala como la principal el aumento de las bajas por IT, que concentran el 72% del crecimiento del absentismo, algo que achacan a la mayor duración de las listas de espera en la sanidad, tanto para intervenciones quirúrgicas como para consultas con especialistas. De hecho, las horas perdidas por este motivo se han disparado un 75% desde 2018, de manera que cada trabajador perdió en 2025 93,4 horas, lo que equivale a unas doce jornadas de trabajo, cinco más que siete años antes.
Este absentismo récord tiene un fuerte impacto económico en el sector, pues supone un coste de 3.565 millones de euros, casi el triple que en 2018. Se trata de una cifra que, por ejemplo, equivale al 1,7% de las ventas del sector y supone una carga superior incluso al Impuesto sobre Sociedades. Los costes directos ascendieron a 633 millones de euros, incluyendo el pago de cotizaciones sociales del trabajador de baja, el abono del salario entre el cuarto y el decimoquinto día de baja y los eventuales complementos salariales, mientras que 2.932 millones fueron costes indirectos, por las horas de trabajo perdidas, según estima la CNC.
Las pequeñas constructoras, las más afectadas El impacto no es homogéneo dentro del sector. De hecho, dos tercios del coste total recaen sobre las pequeñas empresas, mientras que las compañías medianas asumen un 20% y las grandes empresas, el 16% restante, lo que pone de relieve la especial vulnerabilidad de las constructoras de menor tamaño.
"La construcción afronta un desafío de primer orden que exige un análisis riguroso y respuestas coordinadas, tanto desde el ámbito empresarial como desde las administraciones públicas, para contener una dinámica que ya está teniendo un impacto significativo en la actividad y el empleo", defendió Fernández Alén, que recalcó la necesidad de alcanzar "un gran pacto nacional que nos involucre a todos, dado que el absentismo afecta a las arcas públicas, a los resultados de las empresas, al sistema sanitario y también a los trabajadores responsables y comprometidos".