Uno de cada tres inquilinos se muda de barrio para poder pagar el alquiler
Los propietarios han endurecido sus exigencias en el último año, primando la solvencia blindada sobre la rentabilidad en un contexto de precios al alza y alta demanda urbana
Vista de un bloque de viviendas en Ourense.
Un contrato indefinido con antigüedad de un año, un extracto detallado de la cuenta bancaria con todos los ahorros, tres meses de fianza o, incluso, el perfil de LinkedIn. Los requisitos para que un inquilino pueda acceder a un alquiler en España se endurecen día tras día hasta traspasar el límite de lo abusivo. Las colas para ver un piso se alargan, las visitas se llegan a hacer en grupo y los anunciantes no dan abasto para procesar todas las solicitudes que reciben cuando publican en línea una vivienda o una habitación para alquilar.
«No hay nada, ni siquiera en los pueblos de alrededor», comenta Juan, esperando en el portal para visitar un piso en el distrito de Ciudad Lineal, en Madrid. De vez en cuando, ojea el reloj. Ha pedido permiso en el trabajo para poder ver el apartamento. Se ve obligado a mudarse de la calle Ferraz porque sus compañeros de piso regresan de forma imprevista a su país natal, Colombia, y él solo no puede hacer frente al alquiler del piso completo. «A mí me gustaba mi barrio. Este está más lejos del trabajo, pero qué le vamos a hacer», lamenta.
Según un análisis de la red inmobiliaria donpiso, uno de cada tres inquilinos ha tenido que cambiar de barrio para poder pagar el alquiler en el último año, mientras que un 40% se ha mudado por razones económicas, como es el caso de Juan. «Esta dinámica está alterando los patrones de residencia y expulsando progresivamente a parte de la población de las áreas más tensionadas», subrayan los autores del estudio.
Alquilar sin ver
Las inmobiliarias llegan a ofrecer visitas en remoto a través de una videollamada y hay quien, sin ver la vivienda, decide reservarla para que no se le escape de las manos. El cóctel de endurecimiento de los requisitos para alquilar, subida generalizada de precios y estancamiento salarial da como resultado una fuerte inestabilidad residencial: al menos un 20% de los inquilinos ha cambiado de vivienda dos veces en los últimos cinco años. Un 30%, además, reconoce vivir en una casa que no responde a sus preferencias. «El alquiler deja así de ser una solución estable para convertirse en una situación transitoria marcada por la incertidumbre y la adaptación constante a las condiciones del mercado», advierten desde el portal inmobiliario.
Cada vez más duros
Seis de cada diez propietarios han endurecido los requisitos para alquilar su vivienda en el último año, en un contexto de fuerte subida de precios —un 5,2% interanual en el mes de abril— y elevada demanda en las principales ciudades del país, según el análisis. Este cambio de comportamiento, señalan, se encuentra detrás de muchas mudanzas forzadas.
En detalle, el informe revela que la mitad de los propietarios prioriza la seguridad del perfil del inquilino frente a la rentabilidad, lo que se traduce en filtros más exigentes. Concretamente, un 70% exige ingresos mínimos equivalentes a tres veces el precio del alquiler. Por ejemplo, si el sueldo medio en Madrid ronda los 32.000 euros brutos anuales, según datos del INE, un inquilino que quiera alquilar una vivienda no podría destinar más de 650 euros —excluyendo impuestos— a hacerlo para cumplir con el requisito. Basta una ojeada en los portales inmobiliarios para observar que por ese precio solo se encuentran habitaciones en pisos compartidos.
Además, el 60% de los propietarios solicita garantías adicionales, como seguros de impago o avales. «Esta tendencia reduce significativamente el acceso a la vivienda en alquiler, especialmente de los más jóvenes», apuntan desde donpiso. Como consecuencia, el proceso de selección se ha convertido en «un embudo altamente restrictivo»: solamente uno de cada cuatro candidatos llega a visitar una vivienda y los anuncios reciben de media 300 solicitudes en las primeras 48 horas.
Presión social
«Estamos viendo cómo el mercado del alquiler está evolucionando hacia un modelo mucho más restrictivo, donde el propietario busca minimizar riesgos. Esto tiene una consecuencia directa: cada vez más inquilinos se ven obligados a aceptar condiciones más duras o a cambiar de vivienda con mayor frecuencia. El alquiler está perdiendo su función de recurso habitacional previo a la compra y se está convirtiendo en un factor de presión social en las grandes ciudades», señala Emiliano Bermúdez, subdirector general de donpiso.
Como consecuencia, son muchos los que no pueden permitirse ni siquiera salir de casa de sus padres: el 67,1% de las personas de entre 18 y 34 años convivía con alguno de sus progenitores en 2025, según datos del Módulo sobre dificultades de acceso a la vivienda, perteneciente a la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Solo tres de cada diez jóvenes pueden emanciparse sin ayuda económica de sus padres, según un estudio reciente del sindicato Comisiones Obreras. Entre 2016 y 2025, el porcentaje de menores de 30 años emancipados ha pasado del 41% al 31%, una cifra que contrasta con la de otros países europeos, como Alemania, donde la tasa se mantiene estable en torno al 50% desde hace una década. Son datos poco halagüeños que apuntan a futuro que se ensombrece para muchos jóvenes españoles, que siguen retrasando año tras año su derecho a hacer vida de forma independiente.