| Reportaje | El mundo laboral |

A la búsqueda del endeudado Argentina, obligada a importar gas pese a ser una gran productora

Empleados con salarios míseros en las empresas de cobro reclaman pagos a personas que, en el mejor de los casos, ganan tanto como ellos o se encuentran en paro

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Paloma Abejón Agustín Botinelli - madrid buenos aires
León

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«Hay que comer, y para eso hay que trabajar aunque sea en un sitio como éste». Carlos Fernández no se siente orgulloso de lo que hace, su trabajo es perseguir morosos por teléfono por un sueldo de 600 euros al mes, pero tiene claro que «en la vida estás tú y están los demás, y yo prefiero estar yo». Carlos ya tiene hecho callo, lleva cuatro años «encadenando contratos basura en un trabajo también basura», pero a cambio a sus hijos no les falta qué comer. «Aquí o te dejas de sensiblerías o si lo piensas te das asco, así que no lo pienso. Mis hijos -tiene dos, de once y 17 años- comen. Lo demás no importa. Su madre está limpiando en casas la mierda de otros, esto no es peor, o por lo menos eso pienso yo». Con 47 años sabe que tiene difícil encontrar un empleo. Su empresa -un banco- le despachó tras una fusión y sabe que tal como está el mercado no volverá a tener un sueldo decente antes de su jubilación. No se queja. Quizás su edad o su situación le hacen menos rebelde que a los más jóvenes de la empresa. Marta Briones (28 años, licenciada en Filosofía que prepara oposiciones desde que acabó la carrera y que aún no ha tenido su primer empleo decente) no lleva tan bien lo de tener que azuzar a un señor que no ha pagado la última letra del coche. Dan ganas de perdonarles «Lo peor -dice- es cuando hablas con alguien por teléfono para apretarle y te cuenta su vida. Te dan ganas de decirle, ¡no se preocupe hombre, voy a borrar su número de este ordenador infernal y dejarle en paz para siempre! Yo mil veces lo haría de buena gana, pero a veces lo que más me apetecería es contarle mi vida al señor al que llamo para que también me entienda a mí». Laura Esteban (19 años, no acabó el BUP) dice que sólo es capaz de trabajar aquí porque por teléfono no ve las caras de las personas a las que reclaman las deudas. «Sería incapaz de estar en el cobrador del frac o en una empresa de esas que tienes que ir y plantarte delante de la casa del moroso o de su trabajo. Antes me moriría», asegura. Todos afirman que nunca te llegas a acostumbrar a escuchar las miserias humanas y por eso agradecen cuando se encuentran al otro lado del teléfono «al típico moroso profesional y encima jeta». Raúl Araújo dice que el último llevaba semanas sin coger el teléfono. «Estoy seguro de que le había dicho a su mujer que dijera que se había ido de viaje, pero un día coincidió que marqué y lo cogió él sin que sonara. Él había cogido el teléfono para llamar y ahí estaba yo que acababa de marcar su número. Fue suerte, pero me alegré. Era un listo y esos son los que hacen que empresas como ésta tengan sentido, no el resto», cuenta. Muchos son los trucos que emplean los morosos para intentar zafarse de las empresas de cobro de deudas. «Tuvimos un caso en el que una persona cambió hasta quince veces su número de teléfono para evitarnos, pero al final todos dejamos un rastro que es posible seguir», narra Vicente Arias, teleoperador de una empresa. El sistema de producción de energía de Argentina está colapsado, y el país, uno de los más potentes productores de gas, deberá importarlo. Una serie de cortes en el suministro de electricidad afectó a más de 30 empresas líderes que suspendieron su producción. Argentina es un país gas dependiente, cuya matriz energética descansa en un 50% en la disposición de ese fluido, frente al 8% en Brasil. En los últimos cinco meses, los problemas de la oferta energética se agudizaron con fuerza por efecto de una subida de la demanda, consecuencia de una economía que entró en una etapa de despegue. Según las proyecciones de crecimiento, para este año se espera una demanda energética un 15% más alta, pero de no modificarse el tema de costos y tarifas, será imposible de abastecer. Ayer, el ministro de Plani-ficación, Julio de Vido, debió ordenar la suspensión de las exportaciones de gas a Uruguay -el 20% del consumo de ese país- lo que obligó a la empresa estatal de electricidad UTE a poner en marcha dos centrales generadoras cuyos costos operativos son cinco veces mayores a los precios de la energía argentina. El propio De Vido aseguró ayer que para solucionar la crisis han acordado «con Bolivia la importación para abril de 3,5 millones de metros cúbicos y vamos a analizar la compra de electricidad y gas a Brasil».

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