Marisol Valles García, ayer, en su oficina.

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m. l. de guereño | la habana
León

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Praxedis G. Guerrero es un municipio de unos 9.000 habitantes del estado de Chihuahua. Sin personajes ilustres, restos arqueológicos ni nada especial, es rico en miedo a los secuestros y ejecuciones de los carteles de narcotraficantes por estar en una de las zonas más violentas del estado fronterizo. Su anonimato se desvaneció esta semana gracias a la valentía -"inconsciencia dicen algunos-" de Marisol Valles, estudiante de 20 años de Criminología, que superó el «natural» temor a la inseguridad recogiendo el guante rechazado por curtidos representantes del llamado sexo fuerte y asumir la jefatura de la Policía Municipal.

«¿Miedo? Todo mundo tiene miedo y es muy natural (-¦) se puede hacer mucho por mi pueblo, y sé que vamos a poder cambiar», admite la nueva funcionaria. «Vamos a cambiar ese miedo por seguridad», agrega.

Marisol, que está casada, se muestra confiada en que no correrá la misma suerte de otros agentes que han sido secuestrados y ejecutados. Se basa en que no perseguirá narcotraficantes sino que su objetivo será rescatar valores. Dice que por eso le entusiasmó la propuesta del alcalde José Luis Guerrero.

La tarea no será sencilla. La desconfianza en los 200.000 policías locales del país es alta. Son blanco de narcos que por dinero -su sueldo es de unos 300 euros mensuales- o la amenaza de las balas los «convencen» a hacer la vista gorda al paso de drogas, personas o armas, avisar de operativos federales e incluso a ejercer de sicarios.

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Según el secretario del Ayuntamiento, Andrés Morales, el cargo de Marisol concluirá -si no hay novedades- cuando se conforme la Policía Única estatal, una iniciativa del gobierno de Felipe Calderón para sustituir a todas las policías municipales y estatales, todavía sin fecha fija para su nacimiento.