Los ‘indignados’ turcos ni se asustan ni se fían de su primer ministro

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A. SÁNCHEZ SOLÍS | (EFE) ESTAMBUL

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Ni asustados ni crédulos. Los acampados en el parque Gezi de Estambul reaccionaron con escepticismo, casi con indiferencia, al doble mensaje de concordia y amenaza enviado por el Gobierno turco en apenas 24 horas para tratar de calmar las protestas que duran ya dos semanas. «Es que no podemos creer lo que dice», contaba Jasemin en un claro español al referirse a la oferta lanzada el miércoles por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, de que la reurbanización o no de esa zona verde se decida en referéndum.

Esta propuesta fue el primer amago de negociación ofrecido por el primer ministro tras semanas de insultos y descalificaciones contra los manifestantes, entre los que asegura hay «terroristas» y a los que ha tachado, en general, de saqueadores.

La idea es rechazada por los ocupantes de Gezi por dos motivos: no se creen que sea sincera ni que vaya a ser una consulta limpia.

«Es muy fácil que lo manipulen», advierte Jasemin. Con ella está de acuerdo Gülüzar, una educadora social que lleva desde el inicio de las protestas acampada en Gezi. «Si hace el referéndum, va a comprar los votos, va a haber corrupción», acusa.

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Al ser preguntada por el hecho de que Erdogan tiene un gran respaldo popular, ganó las elecciones de 2011 con mayoría absoluta, Gülüzar afirma que muchos de quienes están ahora en Gezi son antiguos votantes del primer ministro desencantados con su gestión. «Una cosa tenemos que agradecerle: Nos ha unido a todos», dice.