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efe | berlín

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La llegada de Angela Merkel a la sede central de la Unión Cristianodemócrata (CDU) fue el punto culminante de una noche de júbilo para los asistentes a la fiesta electoral del partido.

Al grito de «Angie, Angie, Angie», los asistentes recibieron a la canciller en medio de aplausos que parecían que no iban a acabar nunca, antes de que ella se dirigiera a sus seguidores con uno de sus típicos discursos, reposado y contenido.

«Gracias a todos, es una noche maravillosa y creo que hoy podemos alegrarnos», dijo Merkel con voz un tanto ronca.

«Es una gran muestra de confianza de los electores que no podemos defraudar», agregó, para luego agradecer los apoyos recibido, entre ellos el de su marido Joachim Sauer, que la observaba emocionado.

Ya los primeros sondeos a pie de urna habían desatado el entusiasmo en la central de la Unión Cristianodemócrata (CDU), que creció a medida que se fueron conociendo proyecciones más precisas.

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El júbilo no era sorprendente, puesto que se estaba ante el mejor resultado del partido desde el logrado en 1990, cuando el canciller Helmut Kohl se vio apuntalado por la euforia que había suscitado en el país la reunificación alemana.