Los aliados de Venezuela critican el ataque de EE UU y le plantan cara
Barack Obama ha declarado al país «una amenaza a la seguridad nacional».
Nicolás Maduro estrecha la mano del nuevo ministro del Interior, Gustavo González López.
La reacción regional de apoyo incondicional al Gobierno de Nicolás Maduro ante la orden ejecutiva de Barack Obama en la que declara a Venezuela «una amenaza a la seguridad nacional» ha sido tan fulminante como la protesta del sucesor de Hugo Chávez y sus simpatizantes. El líder bolivariano ha dejado claro que no se quedará de brazos cruzados y adelantó que pedirá una Ley Habilitante para «defender la paz y la soberanía nacional».
El presidente chavista se dirigió por la televisión nacional a sus compatriotas la noche del lunes. «Es tiempo de definiciones ante ese imperio que pretende violar la sagrada soberanía de Venezuela», dijo, junto al presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, y otros miembros del Ejecutivo. Recordó que «hay gente que no comparte nuestro proyecto socialista, pero no están de acuerdo con la injerencia de los gobiernos de EE UU en la vida de los pueblos del mundo».
Según Maduro, Obama «representando a la élite imperialista de EE UU, ha decidido pasar personalmente a cumplir la tarea de derrocar mi Gobierno e intervenir Venezuela para controlarla». Agregó que «Barack Obama será recordado como Richard Nixon y George W. Bush. Qué error tan garrafal».
El mandatario reiteró que Washington financia a «buena parte de los líderes de la oposición» para hacer de las elecciones episodios difíciles y llamados a «plebiscito», para luego pasar a escenarios de violencia, «trancando calles, generando situaciones». Criticó que las sanciones contra siete funcionarios de su Ejecutivo, entre ellos el general Gustavo González López, a quien nombró ministro de Interior, se aplicaron después de que decidieran reducir la cantidad de diplomáticos estadounidenses en Caracas. Maduro señaló que Obama tomó decisiones como «Frankenstein con un mensaje esquizofrénico».
Fuera de Venezuela, los amigos saltaron de inmediato. El Gobierno de Cuba, decidió aparcar su proceso de normalización en Washington para apoyar a su amigo y principal proveedor de crudo. Fidel Castro y los embajadores de los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) en la isla expresaron su apoyo «incondicional» a Caracas.
«Así como Cuba nunca estuvo sola, Venezuela tampoco lo estará», advierte una declaración del Ejecutivo de Raúl Castro, que calificó la medida estadounidense de «arbitraria y agresiva».
Los representantes diplomáticos de las naciones integrantes del Alba en La Habana arroparon también al socio suramericano y reiteraron que no está solo.