La tensión Chirac-Blair obliga a aplazar la cumbre de ambos países

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Domingos Sampedro Corresponsal de BRUSELAS.
León

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El «desamor» entre el presidente francés, Jacques Chirac, y el primer ministro británico, Tony Blair, es más que evidente, y esta vez incluso ha obligado a aplazar «sine die» la cumbre franco-británica, que inicialmente iba a tener lugar en la ciudad gala de Touquet el 3 de diciembre, una semana antes de que los líderes europeos tengan que verse de nuevo las caras en el Consejo de Copenhague. Francia anunció ayer el aplazamiento de la reunión bilateral con el Reino Unido bajo el pretexto de que Londres y París «necesitan un poco de tiempo» para prepararla. Pero se trata tan sólo de una explicación oficial, que en todo caso no logra acallar las voces que hablan de un enfriamiento de las relaciones entre Chirac y Blair provocado por las grandes diferencias que existen ambos lados del Canal de la Mancha sobre cuestiones como Irak o la política comunitaria. Fue precisamente en una cumbre europea, en la tuvo lugar en Bruselas la semana pasada, donde se escenificó el desencuentro entre Londres y París. Los Quince acudieron muy divididos a una cita crucial, en la que estaban obligados a hacer una oferta financiera a los diez países que ingresarán en la UE a partir del 2004. En bandos distintos en la UE El Reino Unido acudió a esta cumbre muy parapetado en el bloque de Alemania, Holanda y Suecia, países que abogaban por pactar un recorte sustancial de las ayudas agrarias -de las que Francia es principal beneficiaria- para poder liberar dinero para la ampliación. Sin embargo, el acuerdo sellado entre París y Berlín para mantener dichos subsidios hasta el 2006 desactivó al «grupo de los cuatro», encendiendo de paso las iras de Tony Blair, que vio resignado como la locomotora franco-alemana relegaba a Londres a un segundo plano en la toma de decisiones comunitarias. Según el diario The Times, Blair lanzó un «feroz ataque» contra Chirac, llegando a calificar de «incompetentes» a los agricultores franceses, provocación a la que el sibilino jefe de la República -que ya en 1987 calificara a la primera ministro británica Margaret Tatcher de «ménagère», versión gala de «maruja»- replicó tachando a Blair de «maleducado» en presencia de los demás colegas europeos. Y mientras la prensa británica y francesa polemizan sobre los detalles que elevaron la tensión entre ambos líderes, casi todos los analistas aluden a las discrepancia que mantienen ambos países sobre Irak. Si Londres está dispuesto a intervenir militarmente, aunque no haya una resolución de Naciones Unidas, París quiere hacer prevalecer las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

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