La presión de la propia izquierda laborista, síntoma del grave riesgo de caída del primer ministro británico
Una ministra avisa a Blair que dimitirá si ataca Irak sin respaldo de la ONU
Desde el principio de la crisis internacional, se esperaba la crítica de Clare Short, ministra para la Ayuda Internacional, hacia la pol
La ministra Clara Short ayer, al salir de su oficina
Short anunció su disposición a la renuncia en una entrevista con la BBC en la noche del domingo, en la que acusaba a Blair de actuar de forma temeraria durante la crisis. «Toda la atmósfera de la crisis es profundamente temeraria», dijo Short. «Temeraria por debilitar a la ONU, temeraria porque debilita a nuestro Gobierno, temeraria con su futuro y con su lugar en la historia». Las voces críticas de la izquierda laborista son sólo un síntoma de la situación. Los observadores políticos británicos están de acuerdo en que Tony Blair no sólo está arriesgando la desunión de su partido y de su Gobierno. Está arriesgando su propia caída como jefe de Gobierno. Todo depende de la resolución de la crisis, afirman unos y otros. Y, a medida que la diplomacia internacional avanza hacia el desenlace, el margen de maniobra de Blair -aliado incondicional de Estados Unidos, pero subrayando su papel moderador de las posibles tendencia unilaterales de Washington- se estrecha. Blair ha enviado 40.000 efectivos británicos al teatro de operaciones militares. La mayoría del país quiere que combatan bajo el mandato de la ONU, pero el primer ministro ya ha afirmado que está dispuesto a ordenar que sus tropas entren en combate incluso si hay vetos «no razonables» en el Consejo de Seguridad. El envío de tropas otorga a Blair una gravedad patriótica. Nadie acusa ya a Blair de oportunismo -la acusación más frecuente contra su liderazgo hasta ahora- sino de equivocarse o de ser temerario. Es improbable que la gran escisión del Gabinete que acabaría con el mandato de Blair se produzca mientras hay soldados arriesgando su vida bajo la bandera británica. La postguerra será otra cuestión. Por eso, unos y otros afirman que el futuro de Blair depende del resultado. Mientras, Estados Unidos ha dado los primeros pasos para la asignación del contrato para la reconstrucción de Irak después de la guerra, cuyo valor puede llegar a 900 millones de dólares, según publicó ayer The Wall Street Journal. El matutino afirma que la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional ha enviado una «petición de propuestas» para optar al contrato a al menos cinco empresas de ingeniería para infraestructuras y todas han respondido o preparan la respuesta. «El trabajo sería la parte central de un plan que, según funcionarios del Gobierno (del presidente George W.) Bush, tiene como objetivo demostrar su determinación de mejorar inmediatamente la calidad de vida en Irak si, como parece cada vez más probable, el país es invadido por fuerzas lideradas por Estados Unidos», explica. El plan aparece en un documento de trece páginas, titulado «Visión para un Irak pos conflicto», que USAID ha distribuido solo a un círculo limitado de personas en Washington, además de a varias compañías estadounidenses, según el diario. Se espera que el Gobierno pida al Congreso dinero para reconstruir Irak como parte de un paquete de gastos adicionales para financiar la guerra y sus consecuencias.