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León

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Desde que el 30 de abril fue investido primer ministro palestino Abu Mazen y, formalmente, entró en vigencia la así llamada (y mal llamada) «hoja de ruta» han muerto 50 palestinos y doce israelíes, han vuelto los atentados suicidas a Israel (cinco en tres días) y los territorios ocupados y el proceso de pacificación entrevisto agoniza antes de nacer oficialmente... Ariel Sharon ha pospuesto «sine die» su crucial visita a la Casa Blanca, prevista para mañana, y acordó con su gabinete de seguridad, reunido tras el ataque del domingo, cerrar del todo los territorios, inmovilizar a los palestinos y, lo que es más grave, anunció que proseguirá y activará su política de deportación a Gaza de las familias de los terroristas, mantendrá los «asesinatos selectivos» y considerará la expulsión de Yassir Arafat si sigue la resistencia armada. Pero la resistencia continuará: Hamas ha emitido un comunicado con dos precisiones: a) los cuatro atentados con «kamikazes» fueron la respuesta al asesinato del responsable de seguridad Ibrahim al-Makadmeh el pasado 8 de marzo; b) está fuera de cuestión que continúe el combate contra la ocupación sionista. La tarea del nuevo primer ministro -la «desmilitarización» de la Intifada- se percibe así como imposible. Abu Mazen se había entrevistado en la noche del sábado con Ariel Sharon, quien le dijo claramente que no acepta la «hoja» tal y como está y que volverían a reunirse tras su visita a Bush, a quien, notoriamente, intentará convencer de que acepte los cambios (catorce, varios de ellos esenciales) propuestos por el campo israelí. Bush puede responder y tal vez responda que la redacción final fue hecha en diciembre pasado por el «cuarteto» (USA, ONU, UE y Rusia) y que su secretario de Estado, Colin Powell, se comprometió a mantenerla como está... Técnicamente, pues, no es una decisión que Washington pueda tomar unilateralmente. ¿Seguro? El diario israelí Haaretz cree saber que Sharon es -era- muy optimista respecto a su encuentro con Bush, el octavo en dos años, y que esperaba obtener las enmiendas propuestas. Si así fuera, el plan de paz inherente a la «hoja» desaparecería «ipso facto»... y, tal vez, Powell -fuera de juego en Irak y que ha empeñado en este dossier su autoridad entre el escepticismo del Pentágono- se vería obligado a reconsiderar hasta su función. El plan está a la deriva...

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