Miles de marroquíes salen a la calle contra los atentados integristas
La paz y la democracia ganaron ayer una pequeña batalla en Marruecos. Casablanca salió masivamente a la calle para expresar un no rotundo al terrorismo islamista, que el pasado 16 de mayo golpeó la capital económica de Marruecos, causando 43 muertos -entre ellos cuatro ciudadanos españoles- y más de 100 heridos. Centenares de miles de manifestantes -más de un millón, según los organizadores- recorrieron las calles céntricas de Casablanca, desde el Hotel Farah, uno de los cinco objetivos de los terroristas suicidas del 16 de mayo, hasta la plaza Hassan II. Decenas de asociaciones y todos los partidos del arco gubernamental y parlamentario, excepto los islamistas, se unieron a la manifestación, en la que los jóvenes tuvieron un protagonismo considerable. Los representantes del Gobierno y de la Corona, como el primer ministro, Driss Jettou, y el consejero real en temas económicos, André Azoulay, y de otras instituciones del Estado hicieron acto de presencia, pero de manera discreta, y los verdaderos actores fueron los ciudadanos de Casablanca, que se manifestaron pacíficamente por calles y avenidas estrechamente vigiladas por la policía. Los manifestantes, que llevaban pancartas y carteles con consignas como «Todos unidos contra el terrorismo» y «No al odio», entonaron al unísono estos mismos eslóganes e hicieron ondear miles de banderas marroquíes. Mokhtar Bembarek, un viejo musulmán de 70 años, dijo: «Frente a los que quieren imponer sus ideas y modelo de sociedad con bombas y asesinatos, Casablanca grita hoy a favor de la paz, de la concordia entre los pueblos y de la alegría». Youssef, un manifestante de 17 años, señaló: «Hemos bajado a la calle sin preguntarle a nadie si es musulmán, cristiano o judío, porque todos somos marroquíes y odiamos el terrorismo». El ministro socialista de Medio Ambiente, Mohamed El Yazghi, señaló que «esta manifestación demuestra que el pueblo marroquí está muy apegado a los valores de la tolerancia y de la democracia». Todas las corrientes religiosas, culturales, sociales e identitarias formaron una piña en contra del terrorismo: musulmanes, judíos, cristianos, feministas y mujeres tradicionales, modernistas y conservadores, árabes y bereberes... «Judíos y musulmanes somos todos ciudadanos marroquíes», coreaban algunos manifestantes, mientras que otros contestaban: «Judíos y árabes, mismo combate contra el terrorismo». El presidente de las comunidades judías de Marruecos, Serge Berdugo, dijo estar «orgulloso» de la manifestación de Casablanca. Los grandes ausentes fueron los islamistas. Ni el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) -tercera fuerza parlamentaria- ni otros movimientos acudieron a la marcha porque un sector de los organizadores se había negado tajantemente a compartir la calle con los que consideran «cómplices» del terror y amenazaron incluso con retirarse y organizar otra manifestación más adelante. La policía dispersó a un grupo de jóvenes seguidores de Al Adl Wal Ihassane (Justicia y Espiritualidad) que pretendían unirse a la manifestación.