El científico se desmoronó al verse acosado después de que Londres hiciera público su nombre

La viuda de Kelly asegura que tenía el «corazón roto» al verse traicionado

El asesor del Gobierno británico estaba a favor de la guerra, pero no pudo soportar la presión

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Íñigo Gurruchaga - londres
León

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David Kelly era un hombre que parecía tener el corazón roto en los últimos momentos de su vida, según su viuda, Janice, que ofreció ayer su testimonio ante el juez que investiga las circunstancias de su aparente suicidio, el pasado mes de julio. El origen del desmoronamiento anímico que advirtió su esposa sería el estrés al que estaba sometido desde que estallara una intensa polémica entre el Gobierno y la BBC sobre una noticia que acusaba a la oficina del primer ministro, Tony Blair, de manipular los informes de los servicios de inteligencia con el fin de justificar la guerra. Janice Kelly advierte en la última semana de junio que su marido parece abatido, que ha envejecido rápidamente. No sabe aún- su testimonio de ayer retrata un matrimonio cordial en formas pero contenido en la expresión- que David ya ha explicado a sus superiores en el Ministerio de Defensa que él puede ser la fuente de las noticias de la BBC. «Soy yo», le dice David Kelly a su mujer, el 8 de julio, cuando ambos ven, en las noticias de la televisión, que el Gobierno airea que ya conoce la identidad de la fuente de la BBC. Janice cree que su marido es, en esos momentos, una persona «muy infeliz». Sabe que su nombre se hará público. Los motivos de la infelicidad de Kelly son difíciles de entender tras el testimonio de su viuda. Es un hombre preocupado por su pensión, pero que parece haber resuelto el problema de grado funcionarial que le preocupaba. Es un hombre volcado sobre su trabajo, aunque cree que el Ministerio de Defensa no le usa bien. Tiene deseo de acabar su tarea inacabada en Irak. Pero, el 9 de julio, la vida se acelera. Un periodista de The Sunday Times se presenta en su casa para ofrecerle una estancia en un hotel a cambio de sus revelaciones exclusivas. Kelly no acepta, pero, al rato, le llaman del Ministerio diciéndole que se marche de su casa ya, porque la jauría de la prensa acecha a sus puertas. David y Janice Kelly se van a Cornualles. La mujer ve a su marido encerrado en sí mismo cuando no habla con sus jefes en Londres a través del móvil. Regresan. Les acoge su hija Rachel, que vive cerca.Tres días después. la pareja regresa a su casa. «No podía unir dos frases», dice su mujer. A la hora de comer, comparten un sandwich. Janice se echa la siesta para calmar sus dolores de artritis. Cuando se levanta, su marido ya se ha ido a dar una vuelta. Lo encontraron muerto al día siguiente. Se había cortado las venas con un cuchillo que tenía desde sus tiempos de boy scout. Calmó el dolor con las pastillas de su mujer.

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