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Imanol Allende - corresponsal | londres
León

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El primer ministro británico, Tony Blair, recibió con alivio y satisfacción la noticia de la captura del ex dictador iraquí Sadam Husein. De hecho Blair fue el primer político de la coalición en confirmar mediante un comunicado escrito que Huseín había sido capturado vivo en la noche del sábado. Lo hizo a los pocos minutos de mantener una conversación telefónica con el presidente norteamericano George Bush. Unas horas más tarde se dirigió al país para decir que corresponde a los iraquíes decidir el futuro del ex dictador. Blair no pudo evitar un ¡¡¡y es !!! de satisfacción cuando pasadas las 9 de la noche del sábado un asesor le llamó desde Downing Street a la residencia de campo de Chequers para comunicarle lo que parecía la detención del enemigo público número dos del mundo. Con los postres sin tocar, el premier partió al instante hacia Londres. En un tono sobrio, a diferencia de los norteamericanos, pero sin poder evitar en su mirada el brillo del triunfo, anunció la captura de Husein que calificó de «excelente para los iraquíes, elimina la sombra que ha pendido durante tanto tiempo sobre la pesadilla del regreso del régimen, el miedo ha terminado, ya no cuenta con poder, no regresará y los iraquíes serán los que decidan el futuro del ex dictador».

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