El Gobierno de Bush intenta contener el daño a su imagen por las torturas y libera de golpe a 300 presos de la cárcel

Estados Unidos baraja por primera vez la posibilidad de abandonar Irak

Los soldados de Abu Ghraib montaban orgías ante los presos iraquíes y las filmaban

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R. Cañas / M. Gallego - washington
León

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El administrador civil estadounidense, Paul Bremer, evocó ayer por primera vez la posibilidad de que se produzca una salida de Estados Unidos de Irak. «No es evidentemente posible permanecer en un país donde no somos bienvenidos», dijo el considerado virrey iraquí. «Si el Gobierno interino (que se encargará de Irak tras la transferencia de poder del 30 de junio) nos pide que salgamos, saldremos, pero no pienso que lo hará», declaró Bremer ante varios gobernadores iraquíes. «Evidentemente no es posible permanecer en un país donde no somos bienvenidos», añadió. La declaración de Bremer en la primera en ese sentido de todo el aparato administrativo norteamericano desde que comenzó la guerra. Estados Unidos pretendía dejar un buen número de tropas en Irak una vez que entregue la soberanía a este país el próximo 30 de junio, pero los escándalos de torturas en Irak han dañado su imagen pública y sus apoyos internacionales. Estados Unidos trata de contener el grave daño en una carrera contra el reloj de cara a la entrega de parte del poder a un gobierno provisional. Tras la visita sorpresa a Irak del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y del jefe del Estado Mayor Conjunto, Richard Myers, EE.?UU. liberó ayer a más de 300 prisioneros de la simbólica cárcel de Abu Ghraib. Además, la autoridades militares anunciaron que un cuarto soldado será sometido a un consejo de guerra por su presunta participación en los malos tratos y torturas a los presos iraquíes en esa prisión de las afueras de Bagdad. Sexo en la cárcel Lo que falta por ver de la prisión de Abu Ghraib donde se «ablandaba» a los detenidos con humillaciones de todo tipo son las orgías de los soldados acusados de las torturas. No tardará mucho, porque ellos mismos las filmaban y han empezado a trascender. Las imágenes sólo han llegado hasta los legisladores estadounidenses. En uno de estos vídeos, la soldado de 21 años Lynndie England, que ahora se encuentra embarazada de cinco meses, aparece manteniendo relaciones sexuales con el soldado Charles Graner, del que ha dicho estar «locamente enamorada», delante de los prisioneros. Su familia sostiene que se trata de un vídeo privado que le fue sustraído de su taquilla pero parece que está grabado en una sala aislada de la prisión de Abu Ghraib donde los soldados embriagados de alcohol se reunían en torno a una cama rodeada de velas para observar sus propias orgías. El relato procede de varios soldados de la Guardia Nacional que trabajaban con la unidad de Policía Militar 870, que hasta el mes pasado se encontraban en la prisión. «Una de las soldados lo hizo con un grupo», contó Terry Stowe. «De cuando en cuando pasaban esas cosas». Los pechos de las iraquíes Los congresistas que pudieron ver las fotos en una habitación de máxima seguridad del Capitolio hablan también de imágenes en las que las detenidas iraquíes son obligadas a enseñar los pechos a sus compatriotas, mientras que a éstos se les obligaba a masturbase delante de ellas e incluso a tener relaciones sexuales entre ellos. El novio de la joven England también está en problemas. El primer soldado que se enfrentará el próximo día 19 a una corte marcial le ha acusado de golpear a los detenidos hasta dejarlos inconscientes. El fotógrafo de algunas de las 2.000 fotos incautadas se enfrentará a un máximo de un año de prisión tras haber pactado con la Fiscalía y haber implicado a otros seis soldados. En la transcripción de sus acusaciones se cuenta cómo los detenidos eran apilados desnudos en el suelo para que luego los soldados saltaran sobre ellos tomando carrerilla. «Les pisaban los dedos de las manos y de los pies haciéndoles dar alaridos», cuenta Jeremy Sivits. «A uno que tenía una herida de bala en una pierna lo esposaron a la pata de la cama y le golpeaban las heridas con una especie de bate de béisbol». El resultado de esas torturas es que los horrorizados prisioneros acababan admitiendo cualquier cosa que pudiera complacer a sus interrogadores, según se desprende de la entrevista que publica The New York Times con uno de ellos. «Me preguntaron que si conocía a (Abu Musab) al Zarqawi (militante jordano de Al Qaeda) y les dije que yo era su conductor. Me preguntaron por Osama bin Laden y les dije que era yo, pero que iba disfrazado».

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