La jornada electoral fue ampliada algo más de tres horas por la alta participación a última hora
Irán elige a su presidente envuelto en insistentes sospechas de fraude
El Ministerio del Interior reconoce que existieron irregularidades importantes
Mujeres iraníes votan en la segunda vuelta de las presidenciales en una mezquita de Teherán
Las sospechas de irregularidades se posaron ayer sobre la segunda ronda de la elección presidencial iraní entre un religioso moderado y un ultraconservador, en el más imprevisible y quizá más crucial comicio que haya conocido hasta ahora la República Islámica. Unos 47 millones de iraníes de más de 15 años elegíeron a su próximo presidente entre el ex presidente moderado Akbar Hachemi Rafsanyani y el alcalde de Teherán, el ultraconservador Mahmud Ahmadinejad. Con esta elección, marcada por insistentes sospechas de fraude, Irán podría tomar dos posiciones radicalmente diferentes después de la época de innegables reformas de Mohamed Jatami: la de la moderación y distensión con Occidente, en la persona de Rafsanyani, o la de la radicalización con Ahmadinejad. Irregularidades Según coinciden todos los observadores, las intenciones de voto estaría muy reñida entre los dos hombres. El sábado se conocerán los primeros resultados. Los fantasmas sobre un probable fraude aparecieron antes del cierre de los colegios electorales, que fue prolongado dos horas. El Ministerio del Interior iraní anunció que hubo algunas irregularidades y dijo que estudia una suspensión de las operaciones en ciertos locales de votación. «Hemos recibido numerosos informes señalando una intervención y actuaciones ilegales en los locales de votación por parte de individuos que no tienen nada que hacer allí», declaró el portavoz del Ministerio, Jahanbakhsh Janyani. «El Ministerio del Interior examina la suspensión de las operaciones en algunos locales», añadió. «Los informes enviados por los inspectores, sobre todo en Teherán, muestran que las violaciones van más allá de lo que se puede considerar un delito menor», subrayó. Pero el Consejo de Guardianes, institución ultraconservadora que supervisa las elecciones, se opuso categóricamente a la suspensión. La suspensión «debe ser aprobada por el Consejo de Guardianes», declaró el jefe de esta institución, Ahmad Janati. En la primera ronda, los adversarios de Ahmadinejad evocaron compras de votos, presiones sobre los electores y la movilización en favor del ultraconservador por parte del ejército ideológico y la milicia islamista. «Es una competencia muy reñida, pero creo que tengo un poco de ventaja», dijo Rafsanyani después de haber votado al norte de Teherán. «Si Dios quiere, este día marca el inicio de una nueva era en la vida política de la nación iraní», respondió por su parte Ahmadinejad antes de votar en una mezquita al este de la capital. «Estoy orgulloso de ser el pequeño servidor, el barrendero de las calles de la nación iraní», declaró Ahmadinejad a sus partidarios exaltados, antes de rendir homenaje al «imán Jomeini y sus fieles» y a los «mártires del Islam y la libertad». Rafsandjani promete continuar la liberalización social, defender «eficazmente los derechos humanos», privatizar una economía ultraestatizada y restaurar las relaciones con Estados Unidos. Durante toda la semana, los reformistas han pedido de una manera más o menos explícita el apoyo para Rasfanayani, quien en los últimos años ha presidido el poderoso Consejo de Determinación, paradójicamente blanco de las críticas de los aperturistas. Farhad, un hombre de 42 años, dio su voto a Rafsanayani «porque confío en que tenga más capacidad para hacer cambios». Mahmud Ahmadinejad, desconocido antes de convertirse en alcalde de Teherán en el 2003, es un fundamentalista que predica el estricto respeto de las reglas islámicas y exalta la «pureza» de los primeros años de la Revolución. También rechaza la reanudación de relaciones «impuesta» por Estados Unidos y denuncia las acciones «imperialistas» de los occidentales. El alcalde de Teherán niega ser un extremista. Sus maneras simples, su imagen de buen musulmán sin ambiciones personales y su discurso populista que promete distribuir al pueblo la riqueza nacional le ha generado una importante simpatía entre los más desfavorecidos del país. Por su parte, los occidentales se inquietan ante la posibilidad de que la elección de Ahmadinejad signifique un endurecimiento del régimen. «Estoy orgulloso de ser el pequeño servidor, el barrendero de las calles de la nación iraní» MAHMUD AHMASINEJAD Candidato a la presidencia