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Bush recurre a una «madre patriota» por la presión pacifista

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Gabriele Chwallek - washington
León

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Desde hace semanas, Cindy Sheehan, madre de un soldado muerto en Irak y ferviente opositora a la guerra, se ha convertido en un fastidio para George W. Bush. Las imágenes de su protesta frente al rancho tejano del presidente, llenas de lágrimas, amargura y furiosas acusaciones, dominan tenazmente los medios y han revivido el movimiento pacifista en el país. Sheehan, que perdió a su hijo en Bagdad y que califica de mentiras los argumentos de Bush para justificar la invasión, está influyendo tanto en el debate sobre Irak en Estados Unidos que los republicanos empiezan a preocuparse por sus opciones en las elecciones del 2006. Por ello, Bush ha iniciado una ofensiva para la defensa de su política en Irak: se llama Tammy Pruett, una orgullosa madre de soldados y ferviente patriota. Así ha comenzado el duelo de madres, y ambas partes -opositores y partidarios de la guerra- esperan imponerse en esta batalla marcada más por símbolos y emociones que por argumentos. Mientras Cindy Sheehan regresaba el miércoles a la protesta frente al rancho de Crawford, tras una interrupción de varios días por motivos familiares, Bush presentaba a Pruett en un discurso ante militares en Boise (Idaho). Cuatro de sus hijos se encuentran en Irak, otro hijo más y su marido regresaron recientemente de su misión en el país del Golfo. Hace algo más de una semana sonó el teléfono en la casa de Tammy en Pocatello. Era una llamada de la Casa Blanca que la invitaba a participar en el discurso que el presidente iba a dar en Boise. Pruett acudió y Bush aprovechó la ocasión al máximo: «Tammy dice algo que quiero que oigan: ''Si algo le ocurre a uno de mis chicos (en Irak), sé que dejarían este mundo prestando servicio en una misión de cuyo sentido están totalmente convencidos, de la que sabían que era lo correcto para nuestro país. Y creo que no hay mejor forma de vivir que sacrificándose por algo en lo que uno cree''». Y Bush agregó: «Estados Unidos le debe su libertad a familias como los Pruett». La emoción se desató en la sala: la madre se levantó, saludó con la mano y recibió un beso del presidente, todo ello recogido por las cámaras. También hubo emoción en el regreso de Cindy Sheehan a Camp Casey, el campamento erigido al borde de la carretera en Crawford que lleva el nombre de su hijo muerto. Pero en esa carretera también hay un campamento de partidarios de Bush. También ellos han encontrado ahora a su heroína: la otra madre.

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