La petrolera defiende la inocencia de sus máximos ejecutivos en el país andino
El cavaquismo vuelve a Portugal con el final de la crisis como único reto La policía irrumpe en la sede de Repsol en Bolivia para detener a dos directivos
La compañía está acusada de un supuesto delito de contrabando de petróleo
Miembros de la policía de Bolivia vigilaban ayer la sede de la filial de Repsol en el país
Cavaco Silva, el líder del Portugal próspero de finales de los 80 y principios de los 90, entró ayer de nuevo en la vida política. Y lo hizo por la puerta grande: tras ser primer ministro durante diez años y borrarse del mapa político durante otros diez, el carísmatico líder conservador regresó para ser el presidente de una República comandada desde 1996 por el socialista Jorge Sampaio. Y su primer discurso no defraudó las expectativas. Cavaco Silva cargó las tintas sobre los dos grandes problemas lusos, que en realidad son uno: la crisis, en sus vertientes económica y política. Por ese orden. Porque sus preocupaciones empiezan en el bolsillo agujereado del Estado y de los portugueses. «Tenemos que crear las condiciones para un crecimiento económico fuerte, que nos permita recuperar el atraso que acumulamos con el resto de la Unión Europea», subrayó ante los 900 invitados que asistieron a su toma de posesión. La receta de Cavaco Silva para semejante reto tiene un ingrediente fundamental: continuidad en la acción de Gobierno, después de cinco años en los que la delicada situación del país vecino hizo rodar las cabezas de tres primeros ministros. Peligro: presidencialismo En este sentido, el fundador del cavaquismo como corriente política del partido de centro de-recha portugués (PSD) advirtió de que «la estabilidad política es una condición» sin la cual Portugal no podrá salir del pozo. Y dijo más, resucitando el fantasma del presidencialismo en una República en la que el jefe de Estado tiene pocas funciones ejecutivas: «Según la interpretación que hago yo del cargo, el presidente de la República debe acompañar con exigencia la acción del Gobierno», aseguró. Escuchada la frase, el arco parlamentario primero calló, luego murmuró, y a la salida de la investidura templó gaitas. «Ha sido un discurso de esperanza. Apela al trabajo y a la responsabilidad individual de los portugueses, y eso está en la línea del Gobierno», comentaba el primer ministro, José Sócrates, una vez consumado el cambio de presidente. A partir de ahora, el tacto en-tre estos dos políticos de raza deberá primar, o todo volverá a saltar por los aires. En Portugal creen en el binomio Cavaco-Sócrates, pese a la diferencia de siglas. «Son hombres prácticos. Pueden ser el prozac que necesita el país», decía un comentarista. Tres fiscales y una veintena de policías se presentaron ayer en las oficinas de Andina, la filial de Repsol en la localidad boliviana de Santa Cruz, con el objetivo de detener a los dos máximos responsables de la petrolera en el país, el español Julio Gavito y el argentino Pedro Sánchez. El intento fue vano, pues los directivos no se encontraban en el edificio. La compañía, acusada de contrabando de crudo por el Gobierno de Evo Morales, defendió la inocencia de sus representantes y reiteró su intención de que el conflicto abierto en el país suramericano se aclare cuanto antes. El ministro de Asuntos Exteriores. Miguel Ángel Moratinos, se ha puesto en contacto con el embajador de España en Bolivia, Francisco Montalbán, a quien ha encomendado que realice las gestiones necesarias para resolver la situación. Una portavoz de Repsol YPF en Santa Cruz evitó comentar los hechos -«no estamos autorizados a explicarlo», dijo-, mientras la central de la empresa en Madrid reconoció el allanamiento de su sede aunque se mostró «a la espera de que se aclaren las circunstancias» que rodearon el registro. La petrolera expresó su sorpresa por la actuación de la Fiscalía, toda vez que se produjo «horas después de que el juez Zenon Rodríguez -encargado del caso-, del Tribunal Décimo de Instrucción en lo Penal de Santa Cruz, hubiese ordenado la suspensión del proceso por presunto delito de contrabando iniciado por miembros de la fiscalía de la citada ciudad», señaló. Repsol YPF subrayó su intención de «poder desarrollar en un clima de normalidad» sus actividades en Bolivia y recordó la entrevista mantenida el pasado día 3 entre Evo Morales y el presidente de la compañía, Antonio Brufau. Entonces, en un comunicado, la petrolera aludió al «clima de diálogo sincero y constructivo» que rodeó la reunión. Un encuentro en el que ambas partes limaron asperezas y tras el que el propio Brufau destacó la intención de la empresa de mantener sus inversiones en el país y acatar la resolución que la justicia boliviana dictara sobre el presunto contrabando. «Repsol YPF ha manifestado a las autoridades (bolivianas) su deseo de que estos hechos se aclaren cuanto antes, así como su voluntad de seguir trabajando en el país, en beneficio de los intereses de la compañía y de la sociedad boliviana, representada por el actual Gobierno», aseguró la petrolera, sorprendida por el allanamiento. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) manifestó su solidaridad con Repsol y destacó «la importancia de la citada empresa, que lleva a cabo desde hace tiempo importantes inversiones, con la consiguiente creación de riqueza y empleo». A mediados del pasado mes de febrero, la Aduana Nacional de Bolivia demandó a la filial en aquel país de Repsol YPF por un delito de contrabando de petróleo. La acusación aseguraba que la empresa había desviado crudo por valor de 7,7 millones de euros entre junio de 2004 y julio de 2005 sin haberlo consignado a las autoridades.