Bush reconoce «retrocesos y errores» en la guerra de Irak Colombia va a las urnas con Uribe como claro favorito a la reelección

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María Pérez-Pla - colpisa | washington corresponsal | bogotá

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El primer ministro británico, Tony Blair, viajó a Washington para solidarizarse con el presidente de Estados Unidos, George W.Bush, en el tema iraquí, pero su visita de 24 horas puso de manifiesto los problemas que enfrentan para liberarse de una guerra que los daña a ambos. Blair, llamó el viernes al mundo a hacer a un lado sus diferencias y a unirse para apoyar al nuevo gobierno iraquí, en un discurso en la Universidad de Georgetown, en Washington. «Debería ser un momento de reconciliación no sólo en Irak, sino también en la comunidad internacional», declaró el primer ministro. «La guerra dividió al mundo» pero «la lucha de los iraquíes por la democracia debería unirlo», agregó. En realidad, la impresión predominante que dejó la reunión de Bush y su camarada de armas Blair, era una creciente toma de conciencia sobre cuánto había salido mal en Irak. Entre las críticas, Bush admitió «retrocesos y errores» tales como la demora en la reconstrucción de las fuerzas de seguridad y en la economía y, sobre todo, en los abusos cometidos en la prisión de Abu Ghraib y que tuvieron amplia difusión pública. Pero, mientras Bush y Blair hacían sus mea culpa, un nuevo y potencialmente devastador escándalo se asomaba con las denuncias de que marines de Estados Unidos habían enloquecido en noviembre último y matado a más de veinte hombres, mujeres y niños en una ciudad del oeste de Irak. Blair parecía admitir que la continuidad de los ataques en Irak y el resurgir de la violencia en Afganistán podrían limitar la capacidad de los aliados para enfrentar otras crisis, como la del programa nuclear iraní, sospechado de buscar objetivos militares. El secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, fue aun más impreciso el jueves, al declarar que la perspectiva para el retiro de las tropas «depende de tantas variables que nadie puede tener la respuesta». Los colombianos se acercan hoy a las urnas para decidir el futuro de su país en los próximos cuatro años. De los seis candidatos que se presentan y según las encuestas divulgadas la semana pasada, sólo dos tienen un amplio apoyo popular: Álvaro Uribe, actual presidente, con una intención de voto de entre el 55 y 60 % y Carlos Gaviria, opositor de la izquierda que se sitúa entre el 20 y 23%. La gran decepción fue el candidato del Partido Liberal, Horacio Serpa, que se vio apoyado por tan solo un 9% de los encuestados. El resto de los candidatos no alcanzan siquiera 1 punto, y has-ta hubo una deserción, Álvaro Leyva, que mantiene estrecho contacto con la guerrilla FARC y su bandera de campaña era un proceso de paz exitoso con el mencionado grupo insurgente. Paradójicamente, y dado que el retiro se efectuó fuera de plazo, sus votos, contarán. En general se vive un ambiente de tranquilidad. De hecho, un estudio de la prestigiosa oenegé privada Fundación Seguridad y Democracia ha concluido que ésta ha sido la campaña más pacífica de los últimos 20 años. Las FARC, a pesar de impedir el voto en algunas zonas rurales, en sus comunicados parecen hacer un llamado a votar contra Uribe, sin mayores amenazas y no se temen atentados de magnitud. En las zonas anteriormente controladas por los paramilitares, posiblemente ha habido presión para votar por el candidato de su preferencia. Esto no quiere decir que no se produzcan episodios de violencia. Ayer tres infantes de marina y un rebelde de las FARC murieron en combates en una población del norte del país. La seguridad corre a cargo de 220.000 hombres. Se han tomado las medidas ya tradicionales en elecciones: se prohíbe el porte armas, llevar pasajeros en motos y se instau-ra la «ley seca» desde las 6 de la tarde del viernes hasta las 6 de la mañana del martes.

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